jueves, 23 de diciembre de 2010

Buen año de cartelera en la ciudad de México

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 24 de diciembre, 2010.


(Los amantes de Magritte). Cada vez que se acerca el fin de un ciclo y está por comenzar el siguiente nos dan ganas de hacer un especie de balance para saber cómo estuvo, en este caso, la cartelera y las actividades culturales durante el año que agoniza, para ver si en el 2011 que está por llegar galopando, hay posibilidades de mejorar el anterior.

Una muestra de entre los cientos de eventos hubo este año y que empezó por el descubrimiento de la transmisión en vivo y en directo de la ópera del MET para la pantalla HD del Auditorio Nacional con El Caballero de la Rosa de Strauss, con Reneé Fleming como Maria Teresa, la bella Mariscala que de pronto siente que ha envejecido y suelta las riendas de su amante, preguntándose, al mismo tiempo, qué fue lo que pasó pues tiene la sensación de que todo ha pasado y que al mismo tiempo ahí está, pues lo recuerda con tanta claridad que le resulta un misterio, sí, ese misterio que vivimos para descubrirlo. El chiste está en saber cómo hacerle y ahí está el detalle tal como lo canta melancólica.

Holmes llego al cine en una nueva versión y ese hombre elegante, enjuto y seco, de rostro aguileño con una cierta tonalidad mortecina con lo que nos dábamos cuenta que su salud era precaria, pero que, al mismo tiempo, seguía dominando el razonamiento deductivo y la observación detallada, ahora con Robert Downey Jr., como el detective, quien ganó un Globo de Oro y Jude Law como el asistente Watson.

Nada mal este año en lo que se refiere a las artes plásticas contemporáneas. Por ejemplo, la intervención que hizo el tapatío Francisco Ugarte (1973-) en la Casa Luis Barragán y que Viviana Kuri, su curadora, nos explica cómo este joven había desvanecido de un tajo la carga emocional de los contenidos de esa casa y lo convierte en otro lugar, ese otro más profundo como es el que que subyace detrás de las apariencias inmediatas.

NI hablar de la exposición de René Magritte y sus rostros cubiertos, como la vimos en el Palacio de Bellas Artes y esa historia que descubrí donde asocio con una parte de su obra. Cuando Magritte tenía catorce años y supo que su madre se había suicidado ahogándose en el río Sambre y un día después vio cuando sacaban su cuerpo río abajo, vio cómo salía con el rostro tapado por su falda. Esta escena, años después, eran el leit motiv de unos rostros que pintó tapados con trapos y que ahora son famosos. Había interpretado su dolor de eso que vio a la orilla del Sambre y después cubría el rostro de sus modelos como lo hizo por primera vez con Los amantes en 1927.

También disfrutamos de la improvisación a tres manos de Abraham Cruzvillegas con música de Antonio Fernández y con la intervención escénica que dirigió Antonio Castro en la galería kurimanzutto, en donde el humor iba parejo a la tragedia y el albur se instalaba al lado del drama, como en el streep-tease frente a un funcionario público que insiste hay que aplicar la ley para que ésta no siga siendo un espantapájaros que ya no asusta a las aves de rapiña, que ya se acostumbraron a verlo y ahora se posan en su cabeza. No tarda en aceptar el soborno y a exigirle a esta mujer que se desnude y le pague con cuerpomático.

Un buen año en la ciudad de México con tanta música como esa que escuchamos felices en la Sala Nezahualcóyotl como fue el Réquiem de Mozart -que nos hizo llorar, nada difícil, digamos—, y las Sinfonías de Mahler en la temporada del verano con la Orquesta Sinfónica de Minería y la batuta de Carlos Miguel Prieto en su apogeo.