miércoles, 29 de diciembre de 2010

El teatro, el mejor simulacro que existe

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 31 de diciembre, 2010.


A lo mejor son mis nervios o el gusto que le he tomado al teatro que me hace verlo, a estas alturas de la vida, de una manera diferente, sobre todo, desde que empecé a girar a su alrededor hace una década; hace poco, por estar cerca del discurso del maestro José Luis Ibáñez y poco después de haber leído lo que escribió Vargas Llosa a propósito de El año del pensamiento mágico obra que vio en Londres con Vanessa Redgrave y que resumió diciendo que ninguna otra experiencia artística tiene un efecto tan poderoso sobre el ánimo y la conciencia del ser humano como una buena obra de teatro. Porque éste es el mejor simulacro que existe de la vida, el que se le parece más a nosotros... pues viven de verdad aquello que hacen y dicen, y lo viven si tienen el talento y la destreza debidas, de una manera tal que nos fuerza a vivirlo con ellos, saliendo de nosotros mismos, para ser otros, también mágicamente.

Tengo la impresión de que el buen teatro en México es escaso pero está presente en la ciudad de México como fue la reposición de Mambo de Oz, con Rodrigo Johnson como su director, un artista que tiene la capacidad de siempre enfrentarnos a lo inesperado, como podrá ser la versión de Hamlet que prepara con actores improvisados que habitan los barrios perdidos de León y que, seguramente será algo sorpresivo.

Eurídice que fue una de las joyas de este año, una obra con una gran calidad escénica dirigida por Otto Minera, en la nueva versión del mito de Orfeo y Eurídice, donde pudimos ver en ese papel a Ana Serradilla, recién casada con su Orfeo (ver fotografía), para perder la vida el mismo día de su boda en Nueva York y ser seducida por el Señor del Inframundo a quien siguió por las alturas de los rascacielos hasta caer a la entrada del Averno donde, felizmente, se encuentra con su padre, para recordar mejores tiempos. En medio de la tragedia, hubo muy buen sentido del humor que mucho agradecimos.

Los enredos de Calderón (de la Barca) alrededor de la seducción y el amor a primera vista entre un tal Lisardo, con quien empieza tejiendo con un punto de derecha Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) en una de las comedias más divertidas del año. El punto de revés lo hace Laura que sufre de los celos con don Félix y le hacen ver las cosas de otra manera. El tejido se fue armando en esa Casa con dos puertas, mala es de guardar, dirigida por Gilberto Guerrero en donde gozamos del entramado de equívocos tan del Siglo de Oro español.

El filósofo declara fue escrita por Juan Villoro y tuvo éxito en el Teatro de Santa Catarina de Coyoacán, entre otras cosas, por ser una parodia de los intelectuales de la generación anterior, cuando tenían que ver con el señor Presidente que deseaban ser conformados como hegelianos no ortodoxos, tal como les convenía a su imagen. La obra estuvo cuidada y dirigida por Antonio Castro, con escenografía y vestuario de Mónica Raya y un reparto de primera con Arturo Ríos, el filósofo que declara toda clase de cosas y cuya inteligencia es directamente proporcional a su neurosis; la esposa (Pilar Ixquic Mata), su exalumna es quien sabe todo lo que el otro presume y que junto con el chofer y mil usos de Jacinto (Edgar Parra) y la visita mortal del Pato Bermudez, experto en la polaca y acusado de ser un especie de filósofo de hotel de paso que aseguraba que las universidades son escenarios para el ejercicio de la vanidad, terminamos el año con esas agujas en el pajar.