jueves, 27 de enero de 2011

De la cultura a la frivolidad

El Informador, Tertulia, sábado 29 de enero, 2011.


(Escena de Las tres hermanas de Chéjov) Babelia, el suplemento cultural de El País celebró veinte años de vida y, entre otras cosas, publicó un avance de La civilización del espectáculo, el próximo libro de ensayos de Mario Vargas Llosa en donde, el ahora Nobel, desenfunda su pluma para defender quijotescamente los viejos parámetros de la cultura contra la ofensiva frivolidad que se ha filtrado hasta los huesos, analizando cómo es que la cultura se ha ido banalizando para convertirse, en algunos casos en un pálido remedo de lo que nuestros padres y abuelos entendían por esa palabra formada por todo aquello que nos permite reflexionar sobre uno mismo y que ahora se disfraza con una máscara para que crean que es mozuela y se la quieran llevar al río, sin saber que nos quedamos con las manos vacías, engañados y sin poder darle la vuelta al por qué, ni al para qué de esta vida.

Me parece —dice Vargas Llosa— que tal transformación significa un deterioro que nos sume en una creciente confusión de la que podía resultar, a la corta o a la larga, un mundo de valores estéticos, en el que las artes y las letras habrían pasado a ser poco más que formas secundarias de entretenimiento.

Parece que a las nuevas generaciones les da flojera conectar una cosa con otra y sorprenderse al descubrir de qué manera se arman las pequeñas redes del conocimiento que, atándolas en el tiempo, nos permiten ser más racionales y críticos y nos ayudan para que podamos expresarnos mejor.

El arte de la conversación se ha perdido y con eso, la capacidad de tolerar a los demás, de aprender que puede haber opiniones diferentes y que hay que convivir en un mundo donde la variedad es el gusto y la diferencia una realidad. La UNESCO opina que es a través de la cultura que podemos discernir los valores y tomar en cuenta diferentes opciones, además de expresar mejor.

La idea del progreso es engañosa —dice Vargas Llosa—, y tiene razón cuando describe cómo es que nunca ha estado menos segura la supervivencia del planeta a pesar de los movimientos sustentables que buscan detener su deterioro y volvamos a ser racionales en el uso de las energía; nunca ha habido tantos riesgos de una confrontación atómica, ni de la locura sanguinaria producto del fanatismo religioso; nunca antes tal erosión del medio ambiente.

Ojala poco a poco lo volvamos a entender para reconocer que en el mundo hay diferentes opiniones y no sólo una, como en esos países gobernados por una dictadura o que tienen gobiernos en donde la palabra divina es la única verdad absoluta.

Hace un siglo, la gente culta se negaba a darle la espalda a la realidad, como dice Vargas Llosa en este ensayo que promete.