Un cuento lleno de sonido y furia que nada significa

Infosel Financiero, jueves 3 de febrero, 2011.

(Freida Pinto (1984-) el rostro sopresa). Seguro que ya vio la más reciente película de Woody Allen, pues está a punto de salir de cartelera y si es así, podremos compartir algunas ideas, si es que usted también se preguntó, ¿quién no ha padecido una de esas crisis que aparecen en diferentes épocas de nuestra vida? ¿Quién no la vivió a los treinta o a los sesenta? ¿Quién no ha conocido de una de esas parejas que se quiebran y, luego, el marido aparece con una amante fresca como la rosa, sin importarle perder hasta lo que no tiene?

Woody Allen, a sus 76 años de edad, nos cuenta una de estas historias donde una familia truena y produce efectos primarios y secundarios, como en casi todas sus películas, Allen utiliza la voz en off para explicarnos el hilo de la historia como lo hace en Conocerás al hombre de tus sueños o You Will Meet a Tall Dark Stranger con una cita de Macbeth en donde dice que somos una sombra que camina, un pobre actor que gesticula y se pavonea una hora en el escenario y luego, nadie sabe más de él; es un cuento, contado por un idiota, lleno de sonido y furia, que nada significan.

Así empieza a contarnos un cuento llena de sonido y furia que nada significa, como lo advierte la voz en off antes que aparezca Anthony Hopkins, el viejo Shebritch y su esposa quien una vez que queda herida por la separación, se convierte en espiritista; Naomi Watts, la hija casada con un perdedor; la exuberante Lucy Punch, como la despampanante Charmaine, una call girl que termina siendo la flamante esposa del viejo Shebritch y, no podía faltar, la sorpresa de Woody Allen el voyeur, cuando nos muestra a Freida Pinto (1984-), una india nacida en Mumbay, modelo antes que actriz, y uno de los rostros más bellos que hemos visto en la pantalla grande.

Todo gira alrededor de esa familia londinense y un buen espejo de las dificultades que puede haber entre las parejas antes, en y después de su matrimonio, hasta que, al final nos preguntamos por qué hicieron todo lo que hicieron y por qué nos resulta tan conocido.

Woody Allen cuenta una historia intimista —sin tanto rollo— y sigue la reacción en cadena, complicada y a veces absurda, que llega a un final inconcluso y abierto para que seamos nosotros los que imaginemos el resto de sus vidas.

Desde hace años Woody Allen dejó de filmar en Nueva York y se fue a Londres en el 2005 con Match Point; luego, a Barcelona (2008), para regresar a Londres en donde sus personajes se pavonean y gesticulan su hora en ese escenario, equivocándose, como nos puede pasar a cualquiera de nosotros, cuando se trata de escoger o de seguir con la pareja, de tal manera que nos hace reflexionar sobre la fidelidad en medio de esas crisis como las que nos puede dar en nuestra vida. La historia la asocié con el soneto de Renato Leduc que habla de hacer las cosas a tiempo:

Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán: dar tiempo al tiempo...
que de amor y dolor alivia el tiempo.

Aquel amor a quien amé a destiempo
martirizóme tanto y tanto tiempo
que no sentí jamás correr el tiempo
tan acremente como en ese tiempo.

Amar queriendo como en otro tiempo
—ignoraba yo aún que le tiempo es oro—
cuánto tiempo perdí ¡ay! cuánto tiempo.

Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
amor de aquellos tiempos, cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo.

La ironía de la vida, tal como la cuenta Allen, es que, justo cuando añoramos la dicha inicua de perder el tiempo, somos incapaces de medir las consecuencias y el impacto de no haber amado a tiempo y de hacer lo que se nos antoja, cueste lo que nos cueste, como en esta historia más que entretenida.