miércoles, 16 de marzo de 2011

Cuando el destino separa a los amantes

INFOSEL, Crónica Cultural, jueves 17 de marzo, 2011 (12:00 horas)


Aunque se nos frunza el estómago podremos volver a ver una historia parecida a aquella que dicen que sucedió en Verona, pero que ahora tiene como escenario las tierras bajas de Escocia, en donde dos hijos nacidos de familias de igual linaje bajo una estrella rival, se enamoran y mientras ellos hablan de su amor, los padres expresan su odio en el castillo de Ravenswood, por cosas que ya nadie recuerda, pero que siguen embarrando de sangre inocente todas las piedras de ese castillo.

Edgardo de Ravenswood y Lucia de Lammermoor son los dos amantes de la ópera de Gaetano Donizetti que estrenó en Nápoles en 1835 —amante del Bel canto y la floritura—, compuesta a partir del libreto de Salvatore Cammarano y la novela La novia de Lammermoor de Sir Walter Scott, un escocés inspirado en un caso de la vida real de la Escocia del 1669, tan parecido al caso de Romeo y Julieta de Shakespeare allá en la bella Verona. En ambos casos se oculta, tras la trama amorosa, las sinrazones de la guerra civil —entre dos familias de un mismo linaje—, como las que hubo en la parte meridional de Escocia entre los Ravenswood y los Ashton para que terminaran muertos y todo, por el honor como pretexto para declararse la guerra:

—¿Y si el honor me conduce a la muerte mientras avanzo? —se preguntaba Sir John Falstaff en el campo de batalla—, entonces, ¿será el honor el que me devuelva una pierna rota o un brazo, o me quita el dolor de una herida? No. Así, pues, ¿el honor carece de conocimientos quirúrgicos? Totalmente. Entonces, ¿qué es el honor? Una palabra. Y, ¿qué hay en la palabra honor? Viento, aire. Y quién posee este honor, ¿el que murió el miércoles? ¿Lo siente? No. ¿Lo oye? No. ¿Luego el honor es insensible? Sí, lo es para los muertos. ¿No puede vivir con los vivos? No. ¿Por qué? Porque la calumnia se opone a ello. Así pues, nada quiero de él. El honor no es más que un fúnebre escudo.

El próximo sábado 19 a las 11:00 horas, podremos ver Lucia de Lammermoor con la soprano Natalie Dessay en vivo y en directo desde el Metropolitan Opera House, en las pantallas de Auditorio Nacional de la ciudad de México, las del Teatro Diana en Guadalajara y las del Auditorio Luis Elizondo en Monterrey.

Natalie Dessay es la soprano que hace el papel de Lucia y que por eso nos canta sus arias como la que reinaba el silencio con todo y sus florituras que, a pesar de ser una mujer pequeña, resuelve bien y con toda la coloratura necesaria, como la vimos en un avance donde nos demostraba su dominio del Bel canto.

El señor Capuleto deseaba casar a Julieta con un buen partido —el joven Paris—, pero nunca supo, hasta que su hija había muerto, que su verdadero amor era Romeo, el hijo de sus enemigos. En esta obra, tratan de casar a Lucia con Lord Bucklaw, un noble de no malos bigotes, pero ella prefería ese amor prohibido, como si fuera esa curva que es inversamente proporcional a los deseos de los padres, cuando el amor es producto de la pasión.

Acorralada en un callejón sin salida, canta imaginando que se va a casar con su amante con eso que empieza diciendo era un dulce sueño antes que enloqueciera y nos duela, como nos duele cuando intervienen esas fuerzas del destino que separan a los amantes.

NOTA: en la fotografía está la soprano Natalie Dessay (como Lucia) y Ludvic Tézier (como Enrico) en Lucia de Lammermoor.