jueves, 3 de marzo de 2011

Los contrastes en el Viaje a Tulum

El Informador, Tertulia, sábado 5 de marzo, 2011.


(Escena de Viaje a Tulum). Eduardo Villanueva es un joven tapatío de la nueva generación de cineastas y artistas que la semana pasada estrenó su ópera prima en el Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM) en la sección Ahora México, con el titulo de Reise nach Tulum o Viaje a Tulum, concebida hace ocho años, filmada en Berlín y en México en donde terminó su producción —que casi le costó la vida.

Esta misma semana fuimos uno de los tantos afortunados que pudimos verla y aplaudirla justo cuando está entrando por la puerta principal al catálogo de obras del séptimo arte, y que, como decía Eduardo, hecha con el mismo material con el que están hechos los sueños y que empieza en una toma aérea, como dios que todo lo ve y juzga, antes de bajar a la tierra en Berlín para que Adán nos muestre eso que lo rodea, lleno de contrastes, como los que va poniendo en charola, situaciones que van de lo amable a lo siniestro, entre lo heimlich, lo secreto, lo oculto, lo clandestino o lo disimulado y lo unheimlich, lo inquietante, lo fatídico, lo siniestro, que por coincidencia, esa misma semana lo trató Jesús Perulles en la Cátedra Extraordinaria del maestro José Luis Ibáñez en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde explicaba esos términos de aquello que está oculto y que nos parece amable, antes de que se pongan los trapos sucios a secar y todo se convierta en siniestro, tal como lo estudió Perulles en la obra de Ruiz de Alarcón.

Eduardo Villanueva nos muestra con una calidad fotográfica de primera, los contrastes entre el blanco y el negro y el color deslumbrante; entre la basura y el bosque o la belleza de las plantas en el invernadero; entre Berlín sin sol —¿desolado?—, y el mar Caribe; entre su novia y la oscuridad de una familia judía en Berlín, cuyo padre austero y malhumorado trata que Adán su hijo atienda un negocio que nada tiene que ver con sus deseos y sensibilidad.

(El abuelo Abraham es un viejo actor que se llama Hannes Stelzer). Adán es la voz que nos narra y actúa sin aparecer para mostrarnos todo en esta obra, incluyendo a un abuelo genial con alzheimer, a la madre, bella y judía con un hermano menor con retraso mental y así, seguimos contrastando lo amable puro y limpio con lo sucio y siniestro: un Berlín frío y oscuro (en blanco y negro) con el cálido mar Caribe (a color); los tiraderos de basura y los cenotes sagrados en donde Adán decide clavarse hasta el fondo.

Todo parece como si fuera un sueño y tenemos la misma sensación de aquel Calibán de La Tempestad de Shakespeare cuando se despierta y que se pone a llorar por no poder seguir soñando, tal como le sucedió a Adán en esta obra de arte de Eduardo Villanueva.