El danzón también es cultura

Infosel, Crónica Cultural, jueves 21 de abril, 2011.


(Cadencia del danzón, fotografía de Cristina Kahlo, 2010). Si ha entrado o salido o si va a entrar o a salir de la Terminal 1 del aeropuerto de la ciudad de México, podrá ver la exposición del INBA con las fotografías que Cristina Kahlo tomó durante cuatro años a las parejas que bailan danzón ya sea en La Ciudadela o en el Salón Los Ángeles y al verlas, se podrán dar cuenta que el danzón es todo un rito que se baila al ritmo de los deseos, como si las parejas flotaran por el aire, como si no se tocaran, como si no quisieran verse a los ojos porque, cuando lo hacen, se iluminan sus vidas por un instante.

Invitado por Cristina, escribí este texto en el catálogo de esa exposición titulada Tiempo de danzón:

«Cristina Kahlo se propuso convertir a las parejas en movimiento en imágenes fijas y lo hizo desde hace cuatro años para que ahora podamos disfrutar su versión de este rito con las parejas que bailan a ese ritmo para que tengamos diferentes puntos de vista, planos y perspectivas y así, podamos compartir con ellos su baile, su rito.

»Los retruécanos del vestuario, las flores entreveradas o puestas en la solapa del pachuco; el ojo que lo ve todo y registra los detalles: unos zapatos y el primer acorde o el bicolor limpio y albeante y la cadena dorada; el panamá bien colocado del viejo bailarín y así, en cada una de ellas, podremos disfrutar de estas imágenes que Cristina nos ofrece, de golpe y porrazo, la intimidad de los bailarines que celebran la vida al ritmo del danzón.

»Un día a la semana La Ciudadela se convierte en uno de los escenarios en donde se va para bailar el danzón que inicia cuando la pareja se imagina el vestuario para que combine con el de su pareja o cuando ella toma en cuenta el color de la pluma del sombrero de su compañero para que su vestido combine o sea del mismo color o cuando el otro sabe si ella traerá la flor blanca entreverada para que contraste con sus zapatos blanco y negro de charol.

»Pero empieza con los primeros acordes antes de entrar a la pista. Todo empieza cuando se mueven geométricamente sobre los lados de un cuadrado con esa cadencia que les permite imaginar muchas cosas. Extrañamente, tiene pausas para que tomen conciencia del espacio y del tiempo o para que cuajen sus pensamientos mientras ellas abanican sus emociones y ellos resisten verlas a los ojos —la gran tentación—, hasta que en un momento, decidan hacerlo para que su mirada atraviese, como una daga invisible, hasta el centro de su alma y se clave, sin duda, en el corazón que palpita al ritmo de ese ritmo inventado en la isla de Cuba, que llegó por las arenas del Golfo para quedarse en México hasta nuestros días.

»Hay algo que flota en medio de la pista que se parece a esa poesía que rima con las ilusiones que ahí se construyen, paso tras paso: ella con su falda vaporosa y él con los zapatos recién boleados y los dos, flotando con sus ilusiones por el aire, mientras él le sugiere con delicadeza la dirección del siguiente movimiento poniendo la mano sutilmente en el lugar preciso, antes que suceda la siguiente pausa que aprovechan para que todo se acomode en el cajón en donde se esconde, a veces, el alma.

»Todo esto lo vivió Cristina y ahora nos lo entrega con estas imágenes de algunas parejas que celebran este dedicado baile con todo y sus códigos que tan bien conocen cuando ellos se mueven con la pluma en el sombrero y ellas, con el abanico en la mano.»