Crisis del 2008: todo cambia para que todo siga igual

Infosel, Crónica Cultural, jueves 5 de mayo, 2011.

Inside Job o Dinero sucio es un documental que muestra, de una manera brutal, el grado de corrupción en el que está inmerso el mercado financiero y la banca de inversión en los Estados Unidos en donde se han coludido algunas autoridades federales, reguladores, ejecutivos de la banca y de la bolsa, compañías de seguros, periodistas, académicos y empresas calificadoras, pero, lo peor de todo, es que lo siguen haciendo —y eso es lo más impresionante. El documental parte del análisis integral que hace Charles Ferguson de la crisis financiera global del 2008, esa que costó alrededor de $20 (trillion) billones de dólares, con efectos como los de un tsunami, dejando a millones de personas sin trabajo y sin casa y causando la más grande recesión desde la Gran Depresión de 1929, cuando cayó la bolsa de Nueva York el famoso martes negro, el 29 de octubre de ese año, y que duró hasta principios de los 40’s, con efectos devastadores en países ricos y pobres.

Lo que ha hecho Charles Ferguson, director y guionista de este documental, es mostrarnos a través de entrevistas o tomando fragmentos de otros documentales televisivos, de qué manera se coludieron los diferentes integrantes del sistema financiero, desde el momento en que decidió (creo que fue en tiempos de Bush) desregular a la banca de inversión, para que se les trepara la ambición y la avaricia y empezaran a corromper a los políticos, maniatando a los reguladores, pagando a los académicos honorarios millonarios para que, en sus ensayos, justificaran el bienestar de algunas empresas o la economía de Islandia que, al borde una crisis, no les temblaba la mano para decir maravillas de ese país, hasta que se hundió en el Atlántico, barriendo con todo lo que había logrado hasta ese momento. También corrompieron a los que calificaban los bonos para que el mercado no se diera cuenta de lo que compraba y fueran parte de ese círculo vicioso en donde todos ellos, es decir, el 1% representado por esos ejecutivos financieros, recibían -y reciben todavía- beneficios y compensaciones multimillonarias, mientras se hundía el resto y se colapsaba el sistema financiero mundial.

Todo esto lo logró Charles Ferguson con su investigación detectivesca y las entrevistas incluidas las de dos que tres críticos que veían venir el problema, sin que les hiciera caso, como fue Satyajit Das y otros que hablaban de la perversión de esos bonos, mientras la banca se apalancaba a niveles nunca sospechados.

Por eso pudimos ver, sin ser expertos en la materia, como se fue armando ese mecanismo pervertido, corrupto y cínico, donde los que tienen acceso a la información confidencial ocultaban la peste de los bonos, comprando a los políticos con presupuestos millonarios para el cabildeo y con gastos de representación a cargo de la empresa con sus acompañantes, call girls o prostitutas, como lo relata la dueña de un gran burdel, a unas cuadras de Wall Street, cuando confiesa haber asistido a unos diez mil clientes que pagaban mínimo mil dólares la hora y así sucesivamente, incluyendo el consumo y gasto de cocaína como la que consumían estos ejecutivos, según un psicólogo especialista en ese tema.

El documental muestra el poderío representado por los rascacielos, mientras que los periodistas y académicos se niegan a confesar los pagos millonarios que recibían, como los calificadores que cobraban más, cuando calificaban más alto los bonos, hasta que, en el 2008 se colapsó todo este mugrero, antes que George W. Bush, coludido por su Secretario del Tesoro, un ex Goldam Sachs y uno de los grupos de inversión más grandes del mundo, salvara a los happy few que forman ese 1% y que, los efectos de ese tsunami llegaran a Islandia, Europa y China. Lo peor de todo es que lo poco que cambió, fue para que todo siguiera igual, parafraseando al Gatopardo de Lampedusa.