jueves, 5 de mayo de 2011

La fiesta de mayo y los sueños de verano

El Informador, Tertulia, sábado 7 de mayo, 2011.


Se tiene memoria de las primeras fiestas del mes de mayo antes de nuestra Era cuando festejaban a Flora, la diosa romana de las flores, la ninfa Cloris de los griegos o, en el Norte, la Noche de Walpurgis con lo que se celebraban el fin del invierno y el principio de la primavera, encendiendo por la noche sus hogueras con las que se renovaba la vida de los pueblos.

También se conoce como el Día de Mayo (May Day), como le siguen llamando en algunos pueblos de Europa al día o, más bien, la noche cuando salen de sus casas y se van al bosque a buscar una pareja y desatarse el chongo para ponerse a bailar alrededor del palo encebado —Maypole— plantado en la tierra, al que se le atan hojas, flores y cintas para bailar a su alrededor, antes, en y después de coronar a la Reina de mayo.

En la antigüedad, el primero de febrero era el primer día de la primavera y el primero de mayo era el primer día del verano y en el solsticio, del 21 de junio era la mitad del verano (midsummer), por eso, Shakespeare le puso a una de sus comedias A Midsummer Night’s Dream o, lo que sería lo mismo, el Sueño de una noche de verano cuando en realidad se trataba del medio verano, sin que esta confusión cambiara lo esencial de la obra, que era el sueño.

Cloris vagaba por los campos cuando la vio Céfiro, el dios del viento, quien se enamoró de ella y la raptó para casarse después y que su recompensa fuera el don para reinar sobre las flores y, de regalo de bodas, la miel de las abejas y todas las semillas de las flores que conocemos.

Ella es la flora que nos rodea y es la misma que, por estas fechas, perfuma el aire por las noches como sucede con el jazmín o el huele-de-noche en Guadalajara o el jacaloxóchitl por la rivera del Lago de Chapala, esperando ser entreverada en el cabello de alguna reina.

De todas maneras es la culpa de la Flora que se nos enredan los sueños a la mitad de la primavera (Midspring) o antes de que inicie ese verano tan esperado por los que sólo piensan en ir a la orillita del río, a la sombra de un pirú, donde su querer fue sólo mío, una mañanita azul... para ventilar allí, entre las ninfas y las flores, los sueños de otra noche de verano para llegar hasta el fondo y renovar la vida misma, como sucede con los que encienden sus hogueras en el Norte o se dejan arrullar por las hadas en el verano