miércoles, 18 de mayo de 2011

Los sueños y la realidad

INFOSEL, Crónica Cultural, jueves 19 de mayo, 2011.


Todo sueño es la realización (disfrazada) de un deseo reprimido y a esto no hay que darle vuelta, pues es la base de la teoría de la interpretación de los sueños de Freud. Pero, lo que a veces sucede es que, en ocasiones, ese deseo se hace realidad y por lo tanto, el sueño es parte importante de nuestra vida, tal como lo intuimos cuando no sabíamos que lo que soñábamos era la realización de un deseo reprimido y si éste sucedía estando despiertos, los dos —el sueño y la realidad— son dos rebanadas del mismo pastel.

Tal vez por eso William Shakespeare (1564-1616) decidió escribir un día una obra con algunos de estos elementos, imágenes y situaciones reconocidas como un sueño. El pretexto, como casi siempre sucede cuando queremos realizarlo, fue una boda en 1596 de Elizabeth Carey, la sobrina de su patrón y mecenas, Lord Chamberlain, quien les pidió que prepararan una comedia para esa ocasión y la obra se llamó Sueño de una noche de verano — A Midsummer’s Night Dream de la que G.K. Chesterton dijo que era la obra más feliz que había escrito Shakespeare y el trabajo de literatura más alegre que alguna vez alguien haya concebido y, si le pedían que lo resumiera en una frase, él diría que era el misticismo de la felicidad.

Ahora lo entiendo mejor, pues hay momentos en la vida que un sueño se convierte en una experiencia mística de pura felicidad, como la que experimentamos hace una semana, trémulos como en los sueños, al darnos cuenta que habíamos alcanzado un alto grado de unión, como la que puede haber entre los espectadores y protagonistas y el amor, considerado como algo sagrado. ¡Qué suerte haber disfrutado de esa experiencia!

En las dos obras —es decir, en los dos sueños de un noche de mayo—, la luna brillaba para felicidad de los asistentes y los protagonistas y, por eso pudo desaparecer la parte terrible y oscura de la noche para que pudiéramos gozar de una función benigna, envuelta en una suave alegría —como decía Thomas McFarland— además de que sucedió en el centro de un área especial de seguridad en este mundo lleno de hostilidades.

Por tres o cuatro días vagamos frente al mar como si estuviéramos flotando y nos pasó como a Bottom, el tejedor de la obra, cuando se puso a cantar para que se le quitara el miedo despertando a Titania, la reina de las Hadas quien, bajo la influencia de la esencia de la flor-de-la-primavera se enamoró de lo primero que vio cuando despertó.

No podemos disfrutar del Sueño si uno de nuestros objetivos en la vida es el mantenernos despiertos con el negro café del criticismo —escribió Chesterton—, por eso hay que poner a discusión las alternativas para entender la vida real para saber si la vida que vivimos es sólo eso cuando estamos conscientes o si es la que está acompañada de sueños y fantasías.

Luego el sueño desaparece —y sólo queda una deliciosa bruma— y despertamos con el ruido de los cornos y los ladridos de los perros de caza cuando Teseo sale de cacería feliz, aunque después negara, con cierto escepticismo, la existencia de las hadas, porque sabía que eran producto de la fantasía.

(FOTO: Playa de la Bahía de Banderas)