miércoles, 11 de mayo de 2011

Mahler: entre la pasión desatada y el engaño

INFOSEL, Crónica Cultural, jueves 12 de mayo, 2011.

(Vista panorámica de la ciudad de Viena, donde murió Gustav Mahler hace 100 años). Cuando un artista es capaz de trasmitir su pasión desatada, a pesar de saber que es engañado, entre todo aquello que está implícito en los sueños, en las ilusiones y el dolor de perder a una hija, digo, que cuando un artista puede expresar todo esto y lo hace musicalmente en varias sinfonías, una canción desesperada entre otras, entonces, estamos hablando de un artista que merece la pena ser escuchado, como se lo merece Gustav Mahler (1860-1911) quien murió hace 100 años, el 18 de mayo de 1911, un artista que en vida fue un gran compositor y director de orquesta extraordinario del que ahora podremos disfrutar algunas de estas composiciones en la temporada de verano de la Orquesta Sinfónica de Minería dirigida por Carlos Miguel Prieto y por José Areán, su director asociado.

Si digo que pronto lo podremos escuchar es para que puedan adquirir sus abonos en donde podrán escuchar la segunda parte del ciclo de Mahler —la columna vertebral— y para que escojan el día y la hora que mejor les convenga, a partir del 30 de junio hasta el 28 de agosto (jueves y sábados a las 20 horas y domingos a las 12 horas) en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario en donde interpretarán desde la Sexta hasta la Décima sinfonía, incluyendo las Canciones por la muerte de los niños, La canción de la Tierra y la versión orquestada del cuarteto La muerte de la doncella de Schubert, mismas que, desde ahora, las estamos saboreando porque sabemos de la calidad de las interpretaciones de esta orquesta, considerada una de las mejores de México.

La música de Mahler está más viva que nunca «porque le ha cambiado la vida a mucha gente; porque es irónico; porque describe el desorden del mundo; porque ha influido de manera absoluta y directa en todo el concepto de espectacularidad y ha abierto caminos al jazz, el rock y las bandas sonoras —del John Williams de La guerra de las galaxias a los juegos sinfónicos de Pink Floyd y los brillantes experimentos de Uri Caine; porque en su música se puede leer a Freud —que lo trató en vida—, a Nietzsche o a Schopenhauer... y porque es subversivo y esperanzador, corpóreo, epidérmico y trascendental» —como escribió Jesús Ruiz Manzanilla en Babelia (30 de abril, 2011).

Alma Schindler fue su esposa y fue quien hizo de su matrimonio un especie de infierno entre la pared del perfeccionismo, la neurosis y la genialidad de su marido y la espada de la juventud y la infidelidad —colgada en un clavo de esa pared— pero que, a pesar de todo, fue su musa, sobre todo, en la Décima sinfonía.

Podremos disfrutar de estas obras y que nos vuelva a temblar todo cuando las escuchemos, incluidas las Canciones por la muerte de los niños donde presagió la muerte de su hija de la que no se pudo reponerse excepto, escuchando dentro de sí esas canciones que seguro van a reverberar en la sala de conciertos y dentro de nuestra alma hasta que se decanten en el fondo de ese lugar imaginario como si fuesen copos de nieve musicalmente hablando.

Su música expresa una pasión desatada que va de lo espiritual a lo carnal y de la vida a la muerte en una amplia gama donde el compositor se movía como en su casa, componiendo obras en donde casi logra «abarcar todo lo posible», como eran sus deseos.