Caer al fondo y salir a flote

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 16 de junio, 2011.

(Emoé de la Parra en la Primavera salvaje). Sí…, las estrellas se caen tarde o temprano —dice Gertru (Emoé de la Parra) refiriéndose a las estrellas fugaces que son como ella misma, una estrella de la Primavera salvaje de Arnold Wesker, obra de teatro que tradujo, adaptó y ahora dirige Otto Minera, inaugurada en el Teatro de las Artes del CNA en Río Churubusco y Viaducto Tlalpan.

—Algunas no —le responde Sam (Gutemberg Brito), un negro y joven lavacoches amigo de la actriz—, pues como le decía, algunas gentes tienen el don y otras no —y cuando Sam dice esto, parece que lo dice como el oráculo de Delfos, como una premonición, como si sintiera la posible caída que iba a sufrir su amiga que en ese momento se encontraba en la cima del éxito y todavía escuchaba los aplausos de la función en la que había actuado como Lady Macbeth —apenas escuchamos el monólogo aterrador después del asesinato del rey Duncan—, antes de que le informaran que su querido hijo adoptivo —que no sabía cuando se lo entregaron que tenía el síndrome de Down —, ahora con once años de vida, tiene leucemia. Con esa noticia, empieza la caída libre hasta el fondo y nosotros, esperamos ver si Gertrudis sale a flote en el espejito de esta obra de teatro.

Esta es la historia que nos cuenta en dos tiempos diferentes: 1976, en el primer acto y 1996 para el segundo, durante dos horas y cacho, con Emoé de la Parra en un papel tan exigente que tiene que entregarse por completo para lograr unos momentos asombrosos y conmovedores como la actriz Gertrudis, una mujer que se ha pasado la vida tratando de ser la mejor actriz, a pesar de los pronósticos de su madre que se encargó de llenarle el buche de piedritas.

—Pura actuación —dice Gertru veinte años después—, ¿se da cuenta, señor Phillips, que nuestra profesión la usan de una manera despectiva? ‘¡Ah! —dicen—, no le haga caso, está actuando.’ ¿Se da cuenta, señor Phillips que todas las noches frente al público pretendo ser alguien que no soy? ¿Se da cuenta que, si lo hiciera afuera del teatro, sería rechazada, vilipendiada, calificada de impostora, fraudulenta, falsa, mentirosa… pero aquí, maquillada y bajo las luces, diciendo las palabras de otra, ingeniosas y atinadas, puedo simular con placer y a nadie le importa un demonio. Lo que es despreciable en una persona, si lo hago bien como actriz, logro seducir al público, me gano sus aplausos... y hasta me pagan.

Y uno piensa en esos que actúan en este mundo para engañarnos, para engatusarnos, con sus ideas, productos o esos fondos que ‘ofrecen un mayor rendimiento’, sabiendo que son parte de una burbuja que no tarda en reventar. ¡Ah!, pero eso sí, en el escenario, bajo el paraguas de las obras de teatro, la actriz convence al público, como en este caso Getru con sus avatares y esa carga sobre su espalda gracias a su madre que nunca favoreció su autoestima.

Una vez que pisa fondo y se empuja con sus piecitos para salir a flote como puede, lo primero que hace es tirar la carga que traía aunque andó un rato media atarantada, antes de ponerse a bailar.

—¡Dirige tu mirada hacia mí, mamá! Soy mejor que la niña Chincheta. Siempre lo fui y siempre lo seré... ahora, bailo y bailo con un negro que tiene la mitad de mis años. El amor, la lujuria, todo sin culpa alguna, ¿me entiendes?... ¡Ah!, espero que te revuelques en tu tumba. (Escucha.) ¿Qué? ¿Qué fue eso que dijiste? (Escucha.) No me importa si él no me ama, no me importa si es el hombre correcto en el momento equivocado, porque ¿sabes mamá?, es primavera, sí, es la primavera salvaje. Así que, ¡revuélcate!, revuélcate, revuélcate…