La música de los pájaros

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 9 de junio, 2011.

(Verdín de mono, Vermivora ruficapilla o Nashville Warbler). A punto de que sea el día más largo del año y que empiece el verano con su temporada de ciclones en el Atlántico y los humildes ríos, ahora orgullosos, se desborden de su riberas y aneguen los campos mientras los pájaros cantan o gimen, después de haber tenido sus crías y ahora, libres, vuelen con ellos, canten y se refresquen en el agua disfrutando de la vida.

Reconozco algunas clases de pájaros que vuelan por nuestra casa en Tlalpan: la Tortolita común, vanidosas que se la pasa siempre sobre las ramas buscando el rayo del sol para esponjar su plumaje; el Verdín de mono pecho amarillo, como los canarios de la canción; los Chouís de los bosques templados; la Calandria solitaria y el Gorrión mexicano, según los puede comprar con el catálogo de Aves comunes de la ciudad de México ilustrado y escrito por Gerardo del Olmo L., con la colaboración de Emilio Roldán, publicado por Bruja de monte (2007).

El canto del Verdín cae desde la Jacaranda que nos cubre y su canto es rico porque incluye frases tomadas de su última canción. Pero, si alguien supo de esto fue la inglesa Len Howard (1888-1973), quien se retiró a su casa de campo en Sussex para observar, convivir y escribir todo esto que observaba en un libro que recomiendo tanto: Los pájaros y su individualidad, publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE, Breviario No. 102, 1955).

Gracias a ella nos enteramos del talento de algunos de ellos, pues se dedicó a observar a los pájaros que llegaban como a su casa, tanto que llegó a identificarlos y a llamarlos por su nombre. Ella supo que el herrerillo (Parus cyanistes) tiene tres canciones y una de ellas es cantada cuando vuela, como si estuviera patinado por el aire. Supo que los pinzones le dan pena porque son perezosos para cantar una canción completa, a pesar de ser magníficos compositores y, también nos enteramos, entre todo lo que observó, que su estado de ánimo es distinto cuando vuelan.

En los carboneros mayores (Parus major) había reconocido la infinita variedad de canciones y que las notas que utilizan en sus charlas eran comunes a su especie pero, otras, en verdad eran verdaderas inspiraciones individuales, pues este pájaro tiene una gran personalidad en todas sus cosas y están llenos de inventivas.

Este año en la casa mejoramos la pequeña fuente de agua que está en la terraza agregándole un pequeño plato para que el agua suba y gotee en la pila para que allí puedan los pájaros refrescarse si llegan a la orilla pudibundos y se toman su tiempo antes de entrar al agua fresca con las patas adentro, antes meterse por completo, empezando por la cabeza sin dejar de voltear a uno y otro lado, nerviosos, hasta que se abandonan y baten sus alas como niños salpicando a sus compañeros, gozando de la vida. Es el verano y ya han cumplido con sus crías que ahora vuelan con ellos y parece que ahora tienen tiempo para recorrer otros territorios y buscar una mejor calidad de vida en la ciudad de México.

En general —dice Len Howard— se supone que un pájaro, por la fuerza de inspiración que emana de su canto, carece del alma inmortal de los hombres. Pero, para aquellos que sienten la fuerza de la atracción espiritual con la música de los pájaros, deben de plantearse esta duda: ¿cómo puede la música de los pájaros conmover al alma humana, si el espíritu del pájaro, vertido en su canción, no es un componente de lo Divino?

Sin respuesta, estoy atento para escuchar sus cantos al amanecer y al atardecer cuando nos parece están más inspirados que cualquier otra hora del día.