Los tuiteros ganan la batalla

El Informador, Tertulia, sábado 18 de junio, 2011.


El lenguaje escrito en esta la era de la tecnología móvil se ha reducido al mínimo, asía como han aumentado los signos y unas contracciones nunca antes vistas, tal como lo usan con los populares, efectivos y económicos mensajes en Short Messaging Service o SMS por sus siglas en inglés, mandados desde los “móviles” —mejor por su propiedad que por su instalación—, tal como vemos que lo usan compulsivamente los jóvenes que los mandan ya sin tener que ver el teclado, en cambio, los “baby boomers” nos tardamos, los mandamos antes de terminar la frase y siempre se van llenos de erratas y sin acentos.

Por su parte Twitter estableció los límites del tamaño de los mensajes y los tuiteros mandan sus tuits plenos de contracciones tal como se les antoja. Pero hay que reconocer uno, que el lenguaje está vivo y dos, que se comunican sin problemas y saben el tono de lo que dicen, o de lo que quieren decir, ¿o no K?

Tanto el lenguaje oral como el escrito ha cambiado con cada generación. Ahora, es más perezoso y limitado su léxico pues usan el mínimo de palabras pero, hay que reconocer, que aún así logran entenderse sin problemas, cumpliendo con el objetivo del lenguaje oral aunque nos suene paradójico.

—No K… —es lo que dicen y, según lo pronuncie ya sea el tono o la modulación, saben a qué se refieren logrando reducir el mensaje al mínimo. Cuando hablan con sus cuates, ¿debería decir “¿y con sus cuatas?” para ser políticamente correcto?, aunque sabemos que “cuates”, en este caso no implica al otro sexo, bueno si se dicen “no K”, significa, uno, que se están negando; dos, que es un especie de reproche y, tres, que puede ser una solicitud, sobre todo si lo dicen como una pregunta.

—No güey o sí güey —es otra manera de expresar su consentimiento o negación a ciertas cosas, sin importar el nombre del amigo que, en este caso, que me perdonen esos que son políticamente correctos, pues es imposible que se refieran a una amiga, porque “güey”, viene de ese “toro” que sufrió una operación testicular para llegar a convertirse en tal como les decimos.

Otra cosa de esta época es que los jóvenes cada vez son más autistas: los vemos como van con los audífonos escuchando en el centro mismo de su cabeza, la música punchis-punchis que los aísla de la realidad y cuando van a los antros la música hace imposible cualquier conversación congruente y si gritan, ¡Güey!, es que quieren decir, ¡qué buena está la rola, ¿o no K?