miércoles, 20 de julio de 2011

El tiempo se acaba: Barack Obama

INFOSEL; Crónica cultural, jueves 21 de julio, 2011.

El tiempo se acaba, dijo angustiado Barack Obama, porque el 2 de agosto es la fecha límite para tener un plan para enfrentar los pagos de la deuda externa, evitando la quiebra y que, paradójicamente, por ejemplo, sean rescatados por los chinos. Pero también está por iniciar su campaña para buscar la reelección y, hasta ahora, este líder tan completo, ha mostrado una cierta incapacidad para negociar con los ultra conservadores. Por eso nos preguntamos ¿cómo es posible que un líder como Obama, no haya podido seducir ni convencer a los miembros del Tea Party dispuestos a «llevar al país al abismo, antes que seguir endeudándose», proponiendo, en su lugar, recortes al gasto de los programas sociales antes que aumentar el techo de la deuda, negando el incremento en los impuestos de los más ricos?

Obama está angustiado y vemos cómo ha encanecido desde enero del 2009 cuando asumió el poder. Ahora insiste en que «el tiempo de acaba», pues sabe que si no se resuelve esto y logra que «se haga algo grande para estabilizar las finanzas para la próxima década», la quiebra es inminente y el prestigio de su país caerá hasta lo más profundo del Averno, para acompañar a esos «otros» países que están en la lista negra: Grecia Italia, España o Portugal, probables causantes del efecto dominó que podría impactar al resto del mundo globalizado.

Creemos que el «efecto Obama» ha estado limitado por las circunstancias y por la obsesión, al estilo del «one track, no mind» de la oposición —como los del PRI, rechazando cuanto proyecto es propuesto por el PAN—, para terminar acosados y exclamar como el ahorcado: «¡me mataron, pero les saqué la lengua!»

Cuando hablaba de un líder completo, me refería a Obama, sobre todo si calificamos las cuatro características de los líderes que, sumadas, califican su calidad de liderazgo. Estas cuatro características están definidas en Julio César de Shakespeare escrita en 1599 para estrenar El Globo en Londres, un teatro que tenía un aforo de tres mil personas, de las cuales, ochocientos la veían parados, como eran los artesanos, las prostitutas, los soldados en espera, vagos, inmigrantes y demás habitantes de Londres que, en aquel tiempo, usaban la imaginación y una Musa de fuego para ascender al universo de la invención y ver cómo se enfrentaban dos monarquías en esa «O» por lo redondo, como ahora lo hace Obama cuando enfrenta a los ultras del Partido Republicano.

El carisma lo tenía Julio César; la inteligencia política, Casio que prácticamente fue quien armó la conspiración; la inteligencia emocional estaba representada por Marco Antonio quien, en su discurso: Friends, Romans, countrymen, lend me your ears, fue capaz de provocar un motín y luego, una guerra civil; y, el prestigio, lo tenía Bruto, quien aceptó conspirar a pesar de que Julio César le había perdonado la vida y se decía que podía ser su hijo. Por eso nos duele cuando, moribundo, le reclama: Et tu, Brute?

Las cuatro características las tiene Obama en alto grado empezando por el carisma, ese con el que es admirado cada vez aparece en escena. Las otras tres, las descubrimos desde que le ganó a Hillary, cuando la visión era más importante que la experiencia y cuando lo hemos visto cómo se comunica con su pueblo, destrozado por una de las más severas crisis, así como y de qué manera, ha mantenido su prestigio, pues sabemos que todo lo que hace es por el bien de los demás y no por el propio. Por eso no entendemos por qué ha fallado este líder, tal vez, sea una de las paradojas y contradicciones del liderazgo completo.