miércoles, 10 de agosto de 2011

Dos candidatos y el desastre de sus campañas

INFOSEL, Crónica Cultural, jueves 11 de agosto, 2011

(Ralph Fiennes y Gerald Butler promocionan su película Coriolano en el Festival de Cine de Berlín el 14 de febrero del 2011.)

La campaña de Cayo Marcio «Coriolano» como Cónsul de Roma fue un desastre como fue la de Santiago Creel en el 2000 cuando compitió por la gubernatura del DF para perder con Andrés Manuel López Obrador. Incapaz de comunicarse con la gente, no elaboró un plan congruente de gobierno, ¡ah!, pero eso sí, el premio por su derrota fue la Secretaría de Gobernación o, como decía un periodista, «el candidato fallido se cayó para arriba», gracias al apoyo del entonces presidente Vicente Fox. Su actuación como Secretario fue criticada por la Ley de Juegos y Sorteos; por la pésima negociación con los ejidatarios de Texcoco para construir el nuevo aeropuerto y, el colmo sucede cuando acusa a seis espeleólogos británicos atrapados en una cueva de Cuetzalan, Puebla, de ser espías en busca de Uranio: no quedó bien parado sino con él mismo.

Candidato viene de candidatus, vestido de toga blanca y candidus es blanco brillante, deslumbrante o cándido. Los que hacían campaña política en el siglo V a.C. se ponía esa toga y tenían que convencer al pueblo y a sus tribunos para llegar a ser Cónsul que era la máxima autoridad en Roma aunque fuera por uno o dos años.

La campaña empezaba con la toga (cándida) para visitar a los habitantes de los barrios bajos de Roma a quienes les mostraba las heridas que le habían hecho cuando trató de defenderlos del extraño enemigo. Coriolano pensaba que era mejor morirse de hambre que salir a mendigar esos votos: ¿Por qué tengo que estar aquí, vistiendo esta toga, mendigando a éste y a ese otro o a quienquiera su voto?

Creel se mantuvo hasta el 2005 en Gobernación para salir al año siguiente a disputar la candidatura del PAN por la Presidencia de la República, misma que le ganó Felipe Calderón a pesar del apoyo de Fox para sucederlo en el poder. Por segunda vez perdió en los primeros rounds, en esta ocasión en contra del licenciado Calderón.

Coriolano era un militar de carrera y un patricio de buena familia que odiaba a la plebe porque consideraba que eran cobardes como lo comprobó en el sitio de Corioles. Al mismo tiempo el pueblo lo odiaba, porque los explotaba y no compartía sus ganancias de las batallas en las que participaban: había hambre en Roma y Coriolano guardaba el grano en sus bodegas, esperando que subiera el precio. ¡Ah!, pero eso sí, les decía que lo haría con gusto, si ellos y sus tribunos renunciaban a sus derechos.

Los tribunos le negaron a Coriolano su voto, organizaron una manifestación y lo acusaron de traición. El Senado condenó al destierro a ese hombre que decían tenía una capacidad intelectual y política elemental, aunque sabían que era valiente en las batallas. Considerado como un hombre inmaduro, tenía veintinueve heridas que debía mostrar, si se atrevía a hacerlo en contra de su vanidad y orgullo que se lo impedían. Nunca negoció con los tribunos a pesar de la influencia que tenía Volumnia, su madre dominante.

En diciembre del 2006 Creel demostró su valentía en el sitio de San Lázaro durante la toma de posesión de FCH y, tal vez, por eso, ganó unos años más de vida política. Ahora, vuelve a insistir en ser candidato a la presidencia por el PAN como si no recordara que como Senador y Coordinador de la bancada del PAN (2007), protagonizó el enfrentamiento entre Televisa y TV Azteca, fue vetado por su postura contra de la ley de medios y fue destituido de la coordinación legislativa.

Una paráfrasis de las Vidas paralelas de Plutarco entre estos dos hombres, de dos épocas distintas, los dos con unas campañas desastrosas.

— Venga, no más lágrimas —le dijo Coriolano a su madre—, despidámonos que la bestia de las mil cabezas me echa a cornadas. ¿Dónde está tu coraje de antaño? Solías decirme que la adversidad es la gran prueba del alma y que el hombre vulgar sólo soporta penas vulgares; en un mar en calma, las embarcaciones navegan con maestría, pero cuando recibes los golpes de la fortuna, entre más arrecian, requieren un mayor noble trato de quien los soporta.