miércoles, 17 de agosto de 2011

El lado oscuro de los que luchan por la vida

El Informador, Tertulia, sábado 20 de agosto, 2011.

Hace unos años que le diagnosticaron a Pippo Delbono una enfermedad mortal. Cuando lo supo pego el grito en el cielo, ¡Voglio vivere!, y ese grito luego lo asoció con aquel que pudo haber dado Enrico V de Inglaterra en 1415, como lo dio Pippo en el escenario: ¡Voglio la Francia! y, a partir de ese deseo, los dos se embarcaron en una batalla que terminaría con una victoria sorprendente: Pippo quedó tirado en el suelo, como aquel rey que sabía que no era más que un ser común y corriente, pues, fuera de la pompa que lo rodea, estaba en desventaja con esos pobres miserables que se la pasan los días trabajando y las noche durmiendo.

El actor y director italiano hizo una adaptación libre para ofrecernos el lado más oscuro de La vida de Enrique V, de la guerra y de la muerte que, como bien decía un amigo: sí, todos nos vamos a morir, pero, ¡no empujen! Por eso vemos al joven y frívolo príncipe como un caprichudo Marte bebiendo cerveza, sin importarle un demonio que estuvieran a sus pies y en cuclillas, atados como perros y listos para ser contratados, el hambre, la guerra y el fuego.

El actor Pepe Robledo hace varios papeles, pero como el viejo Pistol, el que era compañero del príncipe en la taberna ahora aparece como negra mariposa para anunciarle la muerte de Sir John Falstaff, su viejo amigo y padre putativo del príncipe: sólo me contestó ‘¡Dios mío, Dios mío!’ dos o tres veces, antes de que me pidiera que le calentase sus pies más fríos que el mármol.

El otro actor del reparto es Gustavo Giacosa como el Delfín, ese joven que amaba a su caballo y que contrasta su delicadeza cortesana con la vulgaridad de los ingleses, bebedores de cerveza. El resto es un grupo de actores locales que marchan con sus coreografías precisas cuando ardió la juventud de Inglaterra y siguieron a ese espejo de los reyes cristianos, hasta llegar al campo de batalla, y amontonarse como si fueran carne de cañón.

¡Dios mío, más nos vale no enterarnos del enemigo!, ha de haber pensado Pippo como lo pensó el Rey, pero, finalmente, la victoria fue de ellos: los ingleses derrotaron a los franceses y Pippo, por lo pronto, a La Parca: una nota nos habla de los diez mil franceses (y sus caballos) tendidos en el campo de batalla… ciento veintiséis príncipes y nobles…, todos tirados en el suelo y Enrico V brincándolos: ¡Dios, tu brazo combatió aquí y es tuya la victoria!

Pippo Delbono presentó su Enrico V en el Teatro de la Ciudad de México con una versión libre de la obra de Shakespeare sólo para mostrarnos de una manera genial el lado de aquellos que luchan contra la muerte.