El movimiento pendular y la caballada



INFOSEL, Crónica Cultural, jueves 22 de septiembre, 2011.

En el siglo XX la política sexenal obedecía a un cierto movimiento pendular, es decir, una vez que había gobernado alguien considerado como político de izquierda, como se consideró que era Lázaro Cárdenas (1934-1940) con eso de la nacionalización del petróleo, el péndulo se movió hasta otro extremo ahora con Miguel Alemán (1946-1952) y el desarrollo que hizo tanto en la industria como en el turismo de México basado en el puerto de Acapulco. 

En otras ocasiones, un poco más lento el movimiento pendular, se detuvo en el centro para que ahora actuara un administrador que, además, se entretuviera jugando al dominó, como fue don Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) y así sucesivamente, cada seis años apuntaba el movimiento pendular a uno de los políticos entre este un ir y venir por el espacio y el tiempo delimitado por los sexenios.

Entre ellos hubo uno que no tenía buen humor, se llamó Gustavo Díaz Ordáz (1964-1970), quien fue intolerante de la oposición antes, en y después de las Olimpíadas del 68 y, por eso, reprimió a los estudiantes en la trágica noche de Tlatelolco. 

El péndulo seguía su marcha para que señalara al licenciado Luis Echeverría (1970-1976) quien aplicó su nacionalismo exacerbado, se rodeó de una izquierda bien vestida «que nunca sería vencida», y la primera dama proponía a las señoras del gabinete que se vistieran de chinas poblanas y bebieran agua fresca de tamarindo, mientras la culpa que cargaba su marido —por aquello del 68 y del 70— no lograba quitársela ni mandando a los intelectuales a recorrer Latinoamérica en aviones de redilas mientras engordaba el Estado gracias a los préstamos del exterior, sin que se pudiera hacer algo para detener el endeudamiento, ni la obsesión de reivindicar al Tercer Mundo.

Pero el péndulo no detiene su movimiento y luego apuntó a su amigo José López Portillo (1976-1982), un encantador de serpientes que desplegó su buen sentido del humor mientras el precio del petróleo andaba por las nubes hasta que bajó y le agarró la resaca en Los Pinos, orillándolo en la orilla sin que encontrara otra salida que la de nacionalizar la banca, defender el peso como un perro y permitir que aterrizaran los aviones presidenciales cargados con el shopping de su mujer. Mientras, las pequeñas empresas, como algunas editoriales, se declaraban en quiebra por la inflación galopante, el precio del dólar por los cielos y los sueldos que eran millonarios, pero que no servían ni para unos tacos sudados.

El péndulo apuntó al centro de esa geografía política con Miguel de la Madrid (1982-1988), un contador que tomó las cosas con calma, se apretó el cinturón y logró que México entrara al GATT para dejar de ser un feudo amurallado y empezáramos a exportar. Se quedó mudo en el 85 con una segunda caída del Ángel y las ruinas de una ciudad de México —castigo divino—, devastada por un temblor nunca antes visto. Mientras recortaba a la burocracia.

El péndulo siguió su movimiento para apuntar al liberalismo de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), dispuesto a sacar al buey de la barranca, con un equipo de jóvenes talentosos que «¡a la una, a las dos y a las tres!» detuvieron la inflación con un pacto en donde congelaron los precios y salarios parte de una estrategia complicada, delicada y frágil, pero que lograron bajar la inflación a un dígito, firmaron «el» tratado de libre comercio que ha sido un parteaguas y privatizaron la banca, los teléfonos y otras empresas del Estado que estaban en sus manos, como hoteles y líneas de aviación.

Ahora sigue el movimiento pendular en el 2012 con una caballada flaca —caballada que, por primera vez, incluye a una yegua—, que vemos desde la barrera bajos en su liderazgo (que tal vez no necesitemos), esperanzados de que ahora señale a quien pueda más en contra del patético enemigo que intenta desestabilizar al país, distraer a las fuerzas que se le oponen para seguir aumentando sus redes y utilidades millonarias con las que autoalimentan a ese monstruo insaciable.

Guerra desigual, corrupción sin límites y huecos por donde se van chorros de dinero, mientras se callan los improperios que se hacen, como secretos de Estado, mientras ordeñan a las vacas lecheras, como la Mexicana o la Luz del hogar. El péndulo podrá irse a la izquierda o al centro con quien ojala cumpla lo que promete e implemente nuevas estrategias en contra del crimen organizado que pueda acortar la pesadilla en la que vivimos. Usted dirá.