jueves, 15 de septiembre de 2011

El Tea Party y la decadencia del Imperio

El Informador, Tertulia, sábado 17 de septiembre, 2011.

Nueva York y el homenaje a las ausentes Torres Gemelas

A sus ochenta años, el maestro Harold Bloom se puede dar el lujo de decir lo que quiera, como todo esto que le dijo a Eduardo Lago hace un par de semanas, para ser publicadas en Babelia, en donde Bloom conectaba a los EU con dos temas de la historia universal.

Primero asocia la obra de Edward Gibbon (1737-1794), Decadencia y caída del Imperio Romano (en español, Ediciones Turner, Madrid, España. Versión facsimilar de 1842, traducida por José Mor Fuentes y publicada en ocho volúmenes), con la situación de los EEUU y dice que es la misma que la de su país: la obra de Gibbon es profética y encierra un diagnóstico tan claro que resulta ser aplicable a lo que está ocurriendo en los Estados Unidos. En aquel tiempo había muerto el paganismo (entre el 412 y el 1055 de nuestra Era) y «los cristianos pacíficos y devotos, disfrutaban de su triunfo solitario, pero vivía en su regazo el principio de la discordia y ansiaban desentrañar la naturaleza, más que practicar las leyes de su fundador.»

Si a partir del sexto volumen de esa obra —dice Bloom—, le cambiamos algunos nombres por los de nuestros emperadores recientes, excepto Obama, que es una víctima impotente de las circunstancias, como el resto de los ciudadanos, nos damos cuenta que están cometiendo los mismos errores que esos últimos emperadores romanos: Bush, padre e hijo, como los romanos, emprendieron guerras irresponsables, abocadas a la derrota y a la catástrofe y para colmo han sido en la misma zona geográfica del Próximo Oriente.

La segunda conexión que hace Bloom tiene que ver con los miembros del Tea Party que los acusa de ser unos fascistas que no aceptan la negritud de Obama en la Casa Blanca por más que Martin Luther King había soñado que «un día se reunieran en las colinas de Georgia los hijos de los esclavos y los hijos de los dueños de los esclavos para que planearan el futuro sin que tuviera que ver el color de su piel.»

Es inconcebible —dice Bloom—, que un hombre como Rick Perry, que niega la evolución y el cambio climático, sea nominado candidato presidencial, con posibilidades de que lo sea y por todo esto «hay un perecido alarmante con el que vivió Alemania cuando los nazis accedieron al poder en los años treinta.»

Las precampañas están en puerta —aquí y acullá— y el Tea Party se sigue resistiendo a las intervenciones del gobierno y al pago de impuestos para programas sociales por eso —dice Bloom—, la decadencia del imperio allende el río Bravo es inminente.