jueves, 1 de septiembre de 2011

La belleza que nos rodea sin poder apreciarla

El Informador, sábado 3 de septiembre, 2011.

La belleza de los árboles de la Primavera (Tabebuia donnel-smithii) con sus abundantes flores amarillas, es algo que llama la atención sin importarnos que su belleza sea efímera y sirve para adornar algunas calles de Guadalajara, como esta semana lo pude ver en un foto-reportaje (no sé si fueron tomadas en abril o mayo o en estas fechas), avisando que los pares viales de Niños Héroes y La Paz se harían después de los Panamericanos. Con la boca abierta veía los copetes amarillos cubriendo las banquetas de alguna de las dos avenidas.
Me acordé de Las tres hermanas de Chejov, las que salieron de Moscú para irse a vivir a provincia para nunca poder disfrutar de la belleza que las rodeaba, pues no dejaban de pensar en la capital y su deseo de regresar algún día, incapaces, a la vez, de ver y disfrutar la belleza que las rodeaba.

Cada vez que llegaban a Guadalajara las visitas de México, mi madre quería saber todo de la Capital: el clima, el Paseo de la Reforma con su árboles pelones y entrelazados en el invierno y ellos se referían, asombrados, a la belleza de los árboles de la Primavera o de las Jacarandas en Guadalajara. Sucede que podemos estar rodeados de la belleza y no tengamos capacidad de apreciarla, porque es algo común o hemos perdido la capacidad de asombro.

Era el mediodía y el sol brillaba alegremente. Olga, la hermana mayor, recodaba cómo era que hacía un año que había muerto su papá, el mismo día que cumples años Irína. Hacía frío y estaba nevando y yo creí que no sobreviviría el trance: tú te habías desmayado y parecías muerta. Pero, ahora ha pasado un año y, por eso, podemos recordarlo, y no importa que te vistas de blanco y tengas el rostro radiante, pues cumples tus dieciocho años de edad.

Un viejo conocido (Vershínin) había llegado de Moscú y estaba feliz de estar con las tres hermanas en esa casa que la encontraba maravillosa: «miren qué árboles tan frondosos están al lado del río» y Olga no tardaba en repelar, —murmuraba—, pero hace calor y hay muchos mosquitos, y él, insistía para que se dieran cuenta que estaban rodeadas de una belleza, como son los árboles de la Primavera o de las Jacarandas en flor, azules que dejan tapizado el suelo como si lo pintaran de ese color o las benditas lluvias que acaban con el calor de la primavera. Vivir es saber elegir —decía Baltazar Gracián en el siglo XVII—, y para eso se necesita el buen gusto y un juicio rectísimo, pues no son suficientes el estudio y la inteligencia.