miércoles, 14 de septiembre de 2011

La Decadencia y caída del Imperio Americano

INFOSEL, Crónica Cultural, jueves 15 de septiembre, 2011.

Los miembros del Tea Party son racistas, se resisten a que el gobierno intervenga con los ciudadanos, odian pagar impuestos dedicados a financiar programas sociales como el seguro médico universal —que en México ha sido aceptado— y critican a los políticos electos que han destruido el muro constitucional entre la Iglesia y el Estado, es lo dice Jill Lepore en The Whites of Their Eyes. The Tea Party’s revolution and the battle over America’s history (Princeton University Press, 2011). Lepore critica a estos fundamentalistas y los acusa de haber confundido la historia llamándose de esa manera, confundiéndose con esos héroes que, en 1770, tiraron al mar un cargamento de té como acto de rebeldía, anticipándose a la guerra de la Independencia, confundiendo así la magnesia con la gimnasia.

Por su parte, el profesor Harold Bloom a sus ochenta años puede decir lo que quiera, como se publicó en Babelia, entre otras cosas, que esos miembros del llamado Tea Party sean fascistas que, además, rechazan la negritud de quien habita en la Casa Blanca, actúan en contra de los derechos humanos y, por todo esto, compara la situación por la que atraviesa su país con la que vivieron en Alemania en los años treinta, cuando los nazis tomaron el poder. Por último, hace un paralelismo entre la Decadencia y caída del Imperio Romano de Gibbon y la decadencia del Imperio Americano. Los miembros de Tea Party se identifican equivocadamente con esos rebeldes insurgentes que el 16 de diciembre de 1770 estaban hasta el gorro de los abusos del Imperio Británico y decidieron atacar, disfrazados de indios mohawks, el barco de la Compañía del Este de India atracado en Boston con varias toneladas de té. Lo hicieron para reclamar el pago que exigían de un impuesto especial y la represión brutal de los ingleses, por eso, tiraron la carga al mar y desde entonces se les conoce como el Tea Party y son héroes de la Independencia en 1776.

 Acabamos de escuchar el discurso de Obama en donde les pidió a los Republicanos, considerando que está a la vista una crisis nacional, que acaben de una vez por todas con el circo político y se pongan, en verdad, a hacer algo concreto que pueda ayudar a la economía, pues de lo contrario, pronostica que podrían entrar a una recesión el año que entra.

 Los miembros del Tea Party aborrecen la oratoria de Obama y se oponen a cualquier propuesta que haga este demócrata liberal o este hombre de color (negro), que intenta resolver algunos de esos problemas que los tienen con el agua al cuello —y nosotros, a prepararnos si vemos al vecino las barbas remojar.

 Propuso la American Jobs Act donde pretende conseguir $447 mmd para la creación de nuevos y renovados impuestos que sirvan para estimular el empleo. Tal parece que la grieta de hace tres años, hecha con el marro de la codicia y la complicidad de los sectores financieros, reventó el muro de contención.

 Gibbon —dice Bloom—, atribuye la decadencia y caída de la Roma imperial al crecimiento de la fe cristiana y la adopción del cristianismo por parte del Imperio. Hoy en día, Europa es una sociedad secular y la única nación del hemisferio occidental que no se ha emancipado de la fe cristiana son los Estados Unidos. Por eso, cierra el círculo dice que la decadencia de Gibbon, bien podría llamarse la Decadencia y caída del Imperio Americano, pues si cambiamos unos cuantos nombres, nuestros emperadores están cometiendo los mismos errores que los últimos romanos: Bush padre e hijo, emprendieron guerras irresponsables, abocadas a la derrota y a la catástrofe que, para colmo de simetrías, se realizan en la misma zona geográfica como es Irak, Afganistán y Somalia.

 Este paralelismo nos pone a pensar sobre el destino de esa nación, sobretodo, cuando vemos que, a la fecha, no han querido cambiarlo.