jueves, 1 de septiembre de 2011

La política como deporte extremo

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 1 de septiembre, 2011.

A los 49 años de edad Felipe Calderón Hinojosa (FCH) filmó varias escenas para promover el deporte extremo en México. A finales de septiembre lo podremos ver buceando, cruzando un precipicio colgado de la tirolesa, navegando sobre un río caudaloso o rapeleando en la vertical para mostrar, por un momento, sus dotes como deportista aventurero —aunque parece que no tiene nada que ver con la política—, actuando en algo que parece no tener importancia pero que, de todas maneras le consumió tiempo y energía en algo que no forma parte del paquete por el cual fue elegido pero que refleja, como lo vemos en otras circunstancias, su capacidad para actuar y demostrar, dientes para fuera, lo que debería hacer dientes para dentro. El documental se estrena el 23 de septiembre en VMe, México Royal Tour de Discovery Channel, Travel Channel y Seck Six Productions con el patrocinio de Tequila Cuervo.

Según los médicos y sicólogos de los deportes, no es accidental que las personas que practican los deportes extremos o, en todo caso, los que lo promueven, sea gente que disfruta de las emociones fuertes y del peligro, pues buscan la satisfacción o el shot de adrenalina, como si fueran adictos a esa predisposición natural de la segregación de esa sustancia para que las glándulas la procesen a través de los neurotransmisores, satisfaciendo así su deseo.

Por eso se cree que estos deportistas, como los políticos, deben ser audaces y temerarios, aunque uno se pregunta si la política y el poder pertenecen a eso que se llama deporte extremo, pues tal parece que necesitan de la adrenalina como la que se produce cuando con una emoción intensa, como podría ser el día del informe que ahora tienen que dra o parodiando la victoria en El Álamo, ¿remember San Lázaro?, ese día que FCH enfrentó uno de los más grandes desafíos en su vida política, antes de colocarse la banda tricolor.

¿Cómo conciliar esas dos imágenes en una misma persona que creemos es tan diferente? Por un lado, el líder solitario que carga con la responsabilidad de gobernar a más de cien millones de habitantes y cuya carga incluye «vidas, almas, deudas, esposas, hijos y pecados» sabiendo que tiene que soportar todo, pues «la responsabilidad es la hermana gemela de la grandeza».

En cambio los que no cargamos nada parecido sobre las espaldas, ni nos hace falta el shot de adrenalina, somos incapaces de sentir algo por los demás, fuera de nuestro propio sufrimiento, como lo expresó Enrique V durante «la negra noche del alma». Pero los deportistas extremos disfrutan de la emoción implícita en el riesgo y la aventura y lo hacen para liberarse del estrés familiar o laboral o para superar los retos con los que, dicen, podrían ampliar sus horizontes y reafirmar su personalidad. ¿Podemos asociar esos riesgos con la vida de los políticos que se ven amenazados por la oposición o por el juicio final de su trabajo?

Sabemos de otros presidentes que han practicado deportes normales para distraerse y dejar de pensar, por un rato, en eso que cargan sobre sus espaldas: López Portillo jugaba tenis en Los Pinos y le gustaba montar a caballo brindando: à nos femmes, à nos chevaux et ceux qui les montent! y así trotaba feliz por los caminos reales con su paliacate en la frente; Zedillo prefería la bicicleta en Ixtapa o el buceo en el Caribe, para no escuchar nada del exterior excepto el palpitar de su corazón herido a ver si así podía olvidar la crisis del 94 cuando apenas se había trepado a la silla del poder; Echeverría nadaba todos los días para poder estar en forma y seguir resistiendo esas reuniones que convocaba hasta las altas horas de la noche.

Dicen que los deportes extremos lo hacen los que aman esa actividad poco convencional y que buscan la satisfacción y placer personal en los desafíos para realizarse y sentir la libertad física, mental y emocional. ¿Será ése el perfil de nuestro FCH?