La soledad: un dardo que tanto duele

El Informador, Tertulia, sábado 10 de septiembre, 2011.

Como muchas cosas en esta vida, la soledad puede ser algo deseado o algo que produce un vacío y una sensación que nos resulta insoportable, como si de pronto, la libido no tuviese en quien recargarse y se queda sin recibir respuesta alguna. No cabe duda que una de las experiencias que más trabajo nos cuesta aceptar, además de la muerte, es la soledad en la que vivimos, aunque esto suceda en una época en donde virtualmente estamos más comunicados que nunca. Uno es uno (y su circunstancia, como decía el filósofo) y resulta que somos únicos, diferentes al resto del mundo y tal vez por eso nos cuesta trabajo ser o no ser, como se preguntaba Hamlet uno de esos días que andaba medio pensativo y dudaba qué era mejor: si enfrentar el mar de calamidades y enfrentándolo resolverlo o mejor dormir o morir y con eso, pensaba el príncipe, dejar de sufrir los dardos y flechas que nos lanza el destino, como pueden ser los dardos de la soledad que se clavan en el centro del corazón y nos puede paralizar, como si tuviéramos miedo.

Un amigo psicoanalista nos explicaba lo que significa escoger entre los tres cofres de Porcia (uno de oro, otro de plata y el último de plomo), como los que tenía la rica heredera de Belmont en El Mercader de Venecia, en donde ocultaba su retrato, como aceptación, en uno de los tres cofres para que los caza fortunas que se jugaran la suya, escogiera uno de los tres para ver si se la llevaban al río, creyendo que era mozuela y de pasada se hacían de su fortuna de la heredera. Bassanio, el veneciano se la llevó después de escoger el cofre de plomo. Freud lo interpretó como si el veneciano hubiese aceptado la soledad y la muerte relacionada con el plomo de los ataúdes y cuando aceptamos eso, nos dan de alta del psicoanálisis.
Los amantes aceptan su soledad y pueden hacer el amor, tal como escribió el poeta Sabines:

Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
y se van matando el uno al otro.


Solitude, es la ópera de cámara del belga Wouter van Looy que está en escena en el Teatro Jiménez Rueda de la ciudad de México. Es una ópera con música de Purcell y una escenografía que refleja el mundo virtual que nos rodea. Ojalá vengan a verla (hasta el 18 de septiembre) porque habrán visto una de las obras más bellas en lo que va del año.