El pequeño libro para los golfistas

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 8 de octubre, 2011.


Octubre es el mes de los deportes en Guadalajara y en este mes era el torneo de golf en el Country Club. Tal vez por eso lo asocié con la vida y obra de Harvey Penick (1904-1995) en otro Country Club, como era el de Austin, Texas (ver foto). A los ocho años era caddy y para los 91, había sido sido tutor de varios campeones de golf como Tom Kite y Ben Crenshaw y como Betsy Ewals y Kathy Witworth. Todo el tiempo, los golfistas iban a verlo para recibir sus consejos.

Por las noches apuntaba lo que había pasado o lo que había pensado en una libretita roja que, años después, su amigo, el periodista Bud Shrake, lo convirtió en un librito rojo que ahora, me dicen algunos amigos que es su libro de cabecera: Harvey Penick’s Little Red Book (Simon & Shuster, Nueva York, 1992).

Son docenas los temas que trata. En uno de ellos habla de las palmas de las manos y de los callos que les salen a los golfistas, tal como se los mostraban a Penick quien les recordaba por qué Sam Snead no tenía ninguno, pues «agarraba el palo entre sus manos como si fuera el cuello de un pájaro vivo, presionándolo de tal manera que pudiera respirar y con ese grip —decía—, puedes jugar mucho mejor y jamás tendrás callosidades… nada de retorcer las manos, cuando tomas el bastón, nada, déjalas tranquilas y apriétalas dejando respirar al pájaro.»

Recomienda que cenen con los que son buenos para el putt, pues a lo mejor «sus consejos los contagian, independientemente de que sea mejor cenar con estos que con los que se la pasan quejándose del green y de su putt

El amor de Penick por el golf se contagia y, por eso su librito se convierte en uno de cabecera. Resulta que también es un libro de la vida misma, en donde podemos aprender qué hacer para seguir adelante en situaciones complicadas, ya sea en el fairway de la vida, en el green o en el tiro corto o para salir de la trampa cuando tenemos la sensación de que nos agarró la mano el chango.

Potear es la clave en el golf y, por eso, le dedica un capítulo para explicarnos el grip y recomendarnos «mantener las manos al mismo nivel o delante de la cabeza del putter, siguiendo el toque de la bola.»
El libro se subtitula: lecciones y enseñanzas de toda una vida de Golf y al final encuentra que «el golf y la vida se parecen: no hay nada que nos garantice que sean justos y nadie espera que lo sean de otra manera.»