miércoles, 19 de octubre de 2011

Todo lo que brilla es oro


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 20 de octubre, 2011.

La noche de la inauguración

La noche se iluminó como también se iluminaron los rostros de millones de mexicanos al ver como surgía de la nada la gran explosión con la que se llenaron los aires de esos pequeños universos en expansión, seguidos por las carrera de fuego que artificialmente brotaban impúdicos por los bordes del óvalo de la nube que forma la corona del Estadio Omnilife antes que encendieran, como en el Olimpo, el fuego del pebetero, con una llamarada deportiva que asciende por los cielos y que marca la presencia de los deportes en lo más alto del firmamento para dar por inaugurados los Juegos Panamericanos, Guadalajara 2011 en donde reconocemos que además de ser haber sido sapiens, también somos homo ludens capaces de jugar con reglas y límites para poder jugar con libertad entre varias decenas de posibilidades: dentro y fuera del agua, alrededor de una pista o a campo traviesa, en una de esas tantas canchas sin mácula con sus colores bien puestos, sin que pudiéramos olvidar la entrada triunfal de los cientos de deportistas mexicanos vestidos de charros con trajes simples, pero elegantes, portando una alegría como la que hay por la tierra de la Minerva, como vimos las estrellas en los cielos de Jalisco que exorcizaron al mal que nos agobiaba.

Al día siguiente, Irma Contreras, una jovencita brava a la hora de jugar con las manos y los pies, ganó la primera de oro en Taekwondo: feliz, sorprendida y compungida —sin importar si se acordaba o no del Himno Nacional—, recibió la primera medalla de oro y el ánimo deportivo como los corazones se mantenía por lo alto. Luego, otra más de puro oro ganada por Oscar Soto en el Pentatlón moderno: correr, tirar al blanco, competir con la esgrima, nadar y saltar a caballo obstáculos en una pista cerrada, para ganar y recibir su medalla, desde atrás para vencer a sus competidores.

A pesar de su brevedad, los deportistas brillan intensamente en ese universo, entre la algarabía de los espectadores. Los deportistas trabajan en equipo y luchan lúdicamente como corresponde a los hombres civilizados, desde los tiempos de la Grecia antigua, sólo para demostrar su fortaleza y sus habilidades.

Hemos visto la creación de pequeños universos que se expanden con buenos augurios, como los que se dan en tiempos de alegría y es época de tirar cohetes y no de recoger vara, tal como nos la hemos hecho por algunos meses. Pero, como bien sabemos la Fortuna nunca llega con las manos llenas así que, en medio de todos estas luminarias, terminó de pasar una estrella fugaz de otro firmamento. Se llamaba Miguel Ángel Granados Chapa que también jugaba documentando bien sus ataques, como los panamericanos, antes de darles directo y a la cabeza. Esa, como todas las demás estrellas brilló en nuestro firmamento.

Pero nada puede detener el movimiento andando y así, hasta el 30 de este mes estarán los deportistas en uno y otro estadio compitiendo con todo lo que tienen de manera individual o en grupo, dando todo de sí, como resultado de años de prácticas, como los miles de clavados antes de demostrar su calidad en tres segundos y medio de caída libre controlada, para que su cuerpo entre al agua como espíritu puro sin dejar su huella alguna excepto unas pequeñas ondas, para que no se nos olvide que están hechos de carne, huesos y músculos que se tensan al máximo con los que dan vueltas y giros por los aires antes de entrar a la superficie y que ese sea el momento del triunfo. Locos, disciplinados y apasionados han convertido el deporte en un trabajo placentero, a pesar de los sacrificios. 


Por todo esto, digo que es época de tirar cohetes y hasta ahora, todo lo que brilla es oro.