Los ecos de la FIL retumban en Actopan, Hidalgo

El Informador, Tertulia del sábado 26 de noviembre, 2011.



Este sábado se abren las puertas para que el público empiece a recorrer los pasillos del WTC en donde se instala la Feria Internacional del Libro (FIL) que tanto prestigio ha logrado tener con sus seiscientos mil visitantes y sus casi dos mil editoriales para que, durante ocho días, hagan del libro todo un festival, mientras el hormigueo va por los pasillos y las salas en donde ven y escuchan a los autores felices de establecer contacto con sus lectores y viceversa, mientras, las editoriales le echan kilos, mostrando novedades y éxitos.

Los Ecos de la FIL es una idea que complementa a la Feria en donde algunos autores platican con los alumnos de las prepas de la Universidad de Guadalajara, para que conozcan sus obras, aunque autores y obras no sean tan famosas, pero finalmente les vean la cara y saben si con solemnes o tienen sentido del humor.

Esos Ecos que tanto disfruté el año pasado en Guadalajara retumbaron hace una semana en Actopan, Hidalgo en donde platiqué primero con 600 alumnos del turno matutino de la Secundaria General No. 1 Miguel Hidalgo de esa ciudad y, a continuación, con otros 400 jóvenes del turno vespertino.

Sus maestros decidieron que leyeran —como parte de la campaña de lectura para las nuevas generaciones—, las seis Historias de Shakespeare, en la versión novelada y en español moderno que ha publicado la Editorial Santillana el año pasado. Un año después, los ecos de la FIL llenaron al auditorio con gritos de emoción cuando decíamos cómo las buenas obras de teatro sirven de espejo para verse reflejados, por ejemplo, en su soledad —como la de los enamorados como decía Sabines, o en la adolescencia. Cuando les mostré algunas escenas de Romeo y Julieta con Olivia Hussey (1951-) —la Julieta de Zefirelli—, en la escena, cuando amanecen después de su noche de bodas y ella no quisiera que Romeo se fuera, mintiéndole, como mentimos cuando no queremos que se acabe algo, le dice que esa luz no era del día, sino de la luna y que el pájaro que cantaba no era la alondra mañanera, sino el ruiseñor vespertino, entonces, los jóvenes, felices de reconocer esa parte del drama, y la poesía que lo acompaña, enmudecieron cuando Julieta pronto reconoce que sí es de día y se levanta para verla, por un instante, semidesnuda. Los gritos de emoción y las feromonas que pululan cuando han visto los pechos de Julieta, abundantes y juveniles, amenazada por la separación y el dolor de la tragedia, nos hacen desear que fuese otro el final, pero nada hay como la felicidad de estar con estos jóvenes y saber que están leyendo estas obras de Shakespeare como un eco de sí mismos.