miércoles, 7 de diciembre de 2011

Venderle nuestra alma al diablo

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 8 de diciembre, 2011.
Jonas Kaufmann, como Dr. Fausto en la ópera de Gounod.

¿Cuál sería el equivalente si hoy en día quisiéramos venderle nuestra alma al diablo? ¿Dejar a la mujer y a los hijos para irse a vivir con la amante? ¿Dejar IBM para trabajar con el demonio de Steve Jobs, y su promesa de cambiar el mundo? ¿Dejar al PAN para irse al PRD, aunque sea para ganar Zacatecas? ¿Abandonar el rancho de Tepa para irse al otro lado, como espalda mojada, para realizar el sueño americano? ¿Dejar Iusacell para contratar a Telcel o viceversa? No lo sé, pero lo que sí sabemos es que María Callas pensó que le había vendido su alma al diablo después de aceptar que la filmaran a los 53 años sobreponiendo su voz cuando estaba en su apogeo. Dejar a las Chivas para irse con el América, ¿sería venderle el alma a Mefistófeles?

¿Le hubiéramos vendido nuestra alma al diablo si éste nos asegura que Helena de Troya nos daría un beso en la boca y, con eso, la inmortalidad? Fausto de Marlowe se pregunta azorado si ¿es este el rostro que impulsó los mil navíos y puso fuego a las altivas torres de Ilión? ¡Dulce Elena, dame un beso y la inmortalidad! —y, después que la besa, al sentir el vacío de la muerte, se arrepiente diciéndole: mi alma se apega a tus labios y escapa de mí. Ven, Elena, ven; devuélvemela. Aquí he de quedarme, que el cielo son tus labios y, si no eres Elena, todo lo demás es polvo.

Tantas cosas que se nos ocurren que puede ser equivalentes a venderle el alma al diablo en nuestros días y que son tan diferentes a lo que se pensaba en otras épocas, por ejemplo, para mi tía Raquel, que vivió y murió en Tepa vestida de negro por guardarle luto a su madre, siempre me pregunté si no pensaba que era como venderle su alma al diablo el día que se hubiera puesto un vestido de colores.

A Fausto no le tembló la mano cuando firmó su pacto con sangre para entregárselo a Mefistófeles en donde quedó especificado de una manera irreversible todo lo que lograría mientras le quedara vida. Digo, irreversible, porque bien que lo sabía Mefistófeles lo que eso significaba: había caído junto con Lucifer, castigados para el resto de la eternidad y de manera “irreversible” para vivir en el infierno, tal como se lo cuenta: ¿tú crees que yo, que vi el rostro de Dios y supe de los gozos eternos del cielo, no me veo atormentado por los mil infiernos al sentirme privado de esa dicha imperecedera? ¡Oh, Fausto!, deja ya de hacer estas preguntas que intimidan a mi espíritu desfallecido.

En la ópera Fausto de Gounod veremos a un Fausto moderno que le ha vendido su alma al diablo y, a cambio, éste le ofrece todos los placeres de la vida: la eterna juventud, la libertad y salvación a través del eterno femenino con la joven Margarita sin importarle haberla destruido y hacer todo eso bajo el control del ángel caído irreversiblemente y por el resto de la eternidad.

Esta leyenda empezó con Faustbuch, el Libro de Fausto traducido al inglés en 1587 donde cuentan las Verdaderas historias de los horrendos y execrables pecados y vicios, y de los muchos portentos y raras aventuras que corrió el doctor Juan Fausto, célebre nigromante y archimago, hasta su espantosa muerte. Para 1674 este era el corpus de Nuremberg escrito por un tal Johannes Nicolaus Pfitzer, en donde relataba la vida escandalosa de ese doctor para ser leída por Goethe, como pudo leer la versión de Marlowe (1592), antes de escribir su propio Dr. Fausto en 1808, que le sirvió a Charles Gounod para componer su ópera que estrenó en 1859 y que este sábado podremos ver, en vivo y en directo desde el MET de Nueva York, en las pantallas HD que hay en México.