Siete vidas y un triángulo amoroso

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 14 de enero, 2012.

Por primera vez he disfrutado ver con los oídos, como decían en esa época cuando leer y escuchar era lo mismo, tal como sucedió en La Venta cuando el Cura les iba a leer en voz alta a Cardenio, Dorotea, al maese Nicolás y a Sancho Panza la Novela del curioso impertinente y, sabiendo el gusto que les daría, les dijo: Pues si es así, estenme todos atentos, que la novela comienza de esta manera…


Fue casi lo mismo que pensé cuando me puse a escuchar La Gatomaquia, el poema épico y burlesco de Lope de Vega en la voz de José Luis Ibáñez (Entre voces. FCE) y sabiendo el gusto que me daría escuché aquello que dice el narrador: Yo, aquel que en los pasados tiempos / canté las selvas de los prados, / éstos vestidos de árboles mayores / y aquéllas de ganados y de flores…, como es la primera de las siete silvas —o vidas—, esos poemas con versos de siete o de doce sílabas, además de tener dos sonetos: uno, de doña Teresa Veracundia al licenciado Tomé de Burguillos (seudónimo de Lope) y, al final, el segundo dedicado A la sepultura de Marramaquiz, Gato famoso, en lengua culta, que es en la que ellos se entienden.

Y así, entre el primero y el último estuve poco menos de tres horas —ahora que hay tiempo de sobra—, enfrascado en esta lectura asombrosa para ver los tejados cuando apenas asomaba la primavera por un balcón de rosas y alhelíes, / y Flora, con dorados borceguíes, / alegraba risueña la ribera, a orillas del Manzanares, como cantan por ahí entre cada una de las silvas o aventuras del famoso gato Marramaquiz y Zapaquilda la bella, incluyendo cuando la raptó por celos el mismo día de su boda con el galán Micifuz, un gato valiente / de hocico agudo y narices romo, / a pesar del amor que le tenía Micilda, sin importarle a aquel sentirse como Paris de Troya, llevándose a su Elena, aquel por los terribles celos y éste por los hechizos de Afrodita.


Los gatos van alterados por los corredores, puertas y terrados, / con sus mágicos maúllos, / no dando, como tórtolas, arrullos, tal como Lope imaginó y José Luis Ibáñez lo ha leído con calma, enfatizando lo que debe y dándoles el tono y ritmo que requiere cada verso para dejarnos boquiabiertos, esperando el siguiente suceso de amor o de celos, de conquista o de venganza entre estos gatos de siete vidas como las tuvo Marramaquiz, hasta que le dieron un arcabuzazo de lejos por un príncipe que andaba tirando a los vencejos (golondrinas), poco después que Micifuz atacara armado de un arnés cóncavo y duro de un galápago fuerte, para terminar todos llorando la muerte del insolente Marramaquiz, como sucedió en España y por acá, en esta tercera orilla del río.