miércoles, 22 de febrero de 2012

El artista del cine mudo y sus vaivenes

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 23 de febrero, 2012.

Jean Dujardin y Bérénice Bejo en El artista
Inicia como la gran estrella del cine mudo y aparece con una sonrisa tan amplia que sus dientes blancos y albeados cubren toda la pantalla mostrando, sin tapujos, qué grande es su autoestima y su carisma, acompañado siempre de su perro faldero que lo sigue por donde vaya hasta que, por azares del destino, como muchas veces sucede en esta vida, se encuentra con ella, una joven bella de grandes ojos, unos bien montados pechos y una sonrisa que complementa a la del galán que, a finales de los veintes está en la cumbre del estrellato, un poco antes que dé la vuelta la rueda de la fortuna y lo veamos caer al vacío con esa angustia que sentimos a la hora de caer, después de haber gesticulado y pavoneado una hora en el escenario, antes de que nadie hable de nosotros, sobre todo si no podemos aceptar, por orgullo, que ahora le toca a los jóvenes de la nueva generación entrar al escenario mientras el público busca nuevos ídolos a quien adorar.

El artista es una película francesa y belga que  ha merecido varios premios, tantos, que ha sorprendido a la industria cinematográfica que recuerda en esta obra su fuente de inspiración como es Cantando bajo la lluvia (1952) que tarareamos de memoria y la anécdota tiene que ver con la transición del cine mudo al sonoro que tantos problemas causó a esa actriz que tenía voz aguda de tiple, imposible de reproducirla en la pantalla grande sin que causara risa, así como, las soluciones que encuentran en medio de un amor que se va tejiendo como lo saben hacer las hadas madrinas.

El artista está dirigida y escrita por el parisino Michel Hazanavicius (1967-) y actúa Jean Dujardin (como George Valentin), que recuerda a ese otro galán del cine mudo, el Rodolfo Valentino de su época y que ahora porta una sonrisa inolvidable, junto con Bérénice Bejo (Peppy Miller de la obra), nacida en 1976 en Buenos Aires, hija del cineasta argentino Miguel Bejo, que abandonó el Mar de Plata irse a París desde que ella tenía tres años de edad. Suponemos que, con esta obra, Bérénice será catapultada al cielo estrellado, aunque sea por una hora, como otras actrices de feliz memoria.

La historia es sencilla y se trata del cine mudo además de estar hecha en blanco y negro, como pocas que se ven a estas alturas del siglo XXI. Es una historia de amor, sí, de ese amor que todo lo salva y que nace, como debe ser, a primera vista. Es una obra dentro de varias obras, es una película en donde suceden cosas espontáneas —como debe ser—, para luego repetirla y volverla a contar, sorprendidos del papel que desempeña en nuestra vida el azar y la casualidad.

Vemos todo lo que queremos ver en una comedia: empezamos por lo espontáneo, el buen humor, el amor que nace de golpe y porrazo y los bailes y celebraciones, así como, la fidelidad —de Peppy Miller o del perrito o de Clifton, el chofer (James Cromwell)—, y al mal que siempre anda merodeando nuestra vida y que no podía faltar para que se tensara el arco con el que se lanza la flecha a ver a quién le toca.

La música es de Ludovic Bource que sobresale en esto que debe ser una película muda, pero que tiene su lenguaje musical que el director utiliza para hablarnos del estado de ánimo del momento.

Las sonrisas de los dos y su cercanía cuando bailan en la película dentro de la película —como en el encuentro de Romeo con su Julieta en casa de los Capuleto—, en un encuentro que dura per secula seculorum y, cuando estamos a punto del drama, todo lo que vemos es a ese galán que abraza su recuerdo filmado, ese, cuando pudo ser tan espontáneo que se atrevió a besar a la rana verde para que se convierta en la bella princesa y para el buen de Valentín fue la única escena que valió la pena su vida. Como Gene Kelly y Debbie Reynolds en Cantando bajo la lluvia (1952), todo se resuelve con un buen tap juntos y sonreír frente a las inclemencias de la vida. Bien merecidos los premios que han recibido. A ver si los “Oscares” le ponen la cereza a este pastel.