jueves, 23 de febrero de 2012

El contrabajo en la orquesta o en la empresa

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 25 de febrero, 2012.

Cuatro contrabajos y sus contrabajistas
Es muy probable que en la empresa donde usted trabaje exista una sección equivalente a la de los contrabajos en una orquesta: imperceptibles, pero cumplen su parte y, en cierto momento, no podría uno imaginarse cómo sería la vida sin su presencia.

El resto de la orquesta —o de la empresa, en todo caso— los menosprecia. Los violines, por ejemplo, creen que son los vendedores estrellas porque siempre están en primera fila, dando pie a la melodía que luego escuchamos como si fuera un eco con el resto de los instrumentos: con los clarinetes, flautas, fagots, trompetas o trombones acompañados de los timbales y percusiones, pero nada que ver con la oscuridad en la que trabajan esos enormes contrabajos que dan el ritmo y, a veces, el claroscuro como el que hay en esas telas para que podamos disfrutar de la luz y el color que hay en el cuadro y que, de otra manera, no podrían haber resaltado.

Patrick Süskind, quien es el mismo autor del asesino en serie en El perfume, escribió una pequeña obra que se llama El contrabajo (Seix Barral, 1986) en donde un músico que lo toca es la voz cantante que, como nos podemos imaginar, habla de su instrumento como si fuera el alma del universo.

“Es imposible concebir una orquesta sin contrabajo —dice—, tal como lo podrían decir aquellos a los que nos referimos en su empresa que están detrás de la gran pantalla.

Se merecen el mismo respeto que los violines de la primera fila, esos a los que el público aplaude desde que sale el “primer violín” y que obliga se afinen el resto de los instrumento, dándoles el tono y la orden a cada una de las secciones.

“El contrabajo es, por mucho, el instrumento más importante de la orquesta” —dice por ahí al principio de su tratado apologético sobre este instrumento el maestro Süskind y es como si oyéramos al encargado de ese departamento que nadie toma en cuenta, diciendo que él es también parte de la orquesta.

En las crisis, los líderes son como los directores de orquesta y cuando se da la grilla o el miedo al desempleo, hacen ruido y no dejan que se escuche la melodía. Hay que hacer lo hacía Herbert von Karajan y su Orquesta de Berlín: poner el grito en el cielo y seguir la partitura al pie de la letra.

Tal vez, habría que rescatar a los contrabajistas y apoyar su autoestima, como en esta historia cuando dice su autor que “sólo quería dejar bien sentado que el contrabajo es el instrumento central de la orquesta. En el fondo lo sabe todo el mundo, sólo que nadie lo confiesa abiertamente porque el músico de orquesta es por naturaleza un poco celos.”

No cabe la menor duda que el arte y el liderazgo comparten problemas y soluciones que muy bien podrían fertilizarse.