Huir de la esterilidad y habitar en lo fértil

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 4 de febrero, 2012.
Raramuris de la sierra Tarahumara.

Saben que esa región es estéril y por eso ahuyenta a sus hombres y a las nuevas generaciones cuando tienen edad: los primeros abandonan a mujeres e hijos y, los segundos, desempleados, son fáciles de incorporarse al narco o al crimen organizado, en lugar de poder vivir en lugar fértil donde tengan posibilidades de mejora su nivel de vida.

Hace años, Héctor Aguilar Camín apuntaba que era imposible atender a esas personas que viven dispersos para poder ofrecerles los servicios básicos de educación y salud, pues la dispersión hace imposible, para cualquier gobierno, satisfacer esas necesidades: en México dicen que todavía hay más de 800 municipios dispersos, según la Sedesol.

Desde hace 400 años que Maquiavelo (1469-1527) habla de esto en sus Discursos de la primera década de Tito Livio (Alianza Editorial, Madrid, 2009) recordando cómo vivían los habitantes de Lacio: “dispersos en muchos sitios pequeños, (donde) no se sentían seguros y (por eso) no podían, por su situación y tamaño, resistir por sí mismos el ímpetu de los asaltantes.”

Este es el caso millones de los campesinos y los indios Raramuris habitan en unas tierras estériles y hacen (casi) imposible que el gobierno pueda ofrecerles ese mínimo de seguridad. Por eso deberían hacerle como los Latinos e irse a “habitar juntos en un lugar elegido por ellos, en donde la vida sea más cómoda y la defensa más fácil.” Para el año 700 a.C., Rómulo y Remo habían fundado en el monte Palatino lo que sería la ciudad de Roma que, siglos después, fue la capital de todo un Imperio.

Maquiavelo trata sobre esa experiencia y señala que “es necesario huir de la esterilidad de la tierra y asentarse en lugares más fértiles.” Esta antigua propuesta resolvería la situación de los Raramuris que han experimentado en carne propia la esterilidad y la sequía, viven aislados y no han decidido salirse de allí para buscar una región más fértil en donde pudieran contar con los servicios básicos y con empleo en el campo en lugar fértil en lugar de vivir en la zozobra.

Dinócartes le mostró a Alejandro el Grande cómo podría construir una ciudad en el monte Athos y el General le preguntó: ¿de qué vivirían sus habitantes?, sin que el arquitecto tuviera respuesta. Por eso, mejor mandó edificar esa ciudad que ahora conocemos como Alejandría, para que la gente “se quedara a vivir de buen grado en una tierra que era rica, cerca el mar y del río Nilo.