miércoles, 15 de febrero de 2012

¡Qué maravilloso es el mundo!: Satchmo

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 16 de febrero, 2012.
Hay gente que se la pasa quejándose todo el día y aunque hay momentos que nos quedamos impávidos, otros por quítame estas pajas se quejan si llueve o si no llueve, si hace frío o sin hace calor, total, que no son capaces de disfrutar la vida a pesar de que ésta, por momentos, se puede complicar un poco o un mucho y en un momento podamos perder su sentido. Al escuchar al viejo Satchmo, a ese viejo encantador de serpientes como era Louis Armstrong (1901-1971), nos ilumina con sus canciones y, por un momento, podemos ver la vida de otra manera a pesar que él vivió de niño en  la pobreza, sufrió de dos guerras mundiales, además de la gran depresión del 29 y una discriminación brutal en contra de su negritud. A pesar de todo eso, pudo cantar, inocentemente, su alegría de vivir escogiendo una lírica llena de ánimo, optimismo, humor, varios sueños y buenos deseos, para proponernos simplemente que hay que saber disfrutar de lo que nos ofrece la vida.

Satchmo nos canta sobre eso que es básico en la vida y nos propone a partir de ahí varias las posibilidades de disfrutarla, como por ejemplo, simplemente cuando ve el cielo azul o el verde de los arboles y, por lo que dura su ronca voz cantando, nos llama la atención de aquello que es una especie de alegría contenida, como cuando canta The Sunshine of Love donde nos convence que allí, donde brilla el Sol está ella y como somos unos románticos empedernidos, cuando nos habla del amor con ese ritmo claro y pausado y nos repite que “donde quiera que brille el Sol ahí estás tú; y si oigo algunas risas… es porque andas tú por ahí; sí, tú, con quien sueño por las noches que estamos bien apretaditos, ¡ah! —canta Armstrong—, cómo te necesito!” Y todo esto que va cantando se lo creemos al pie de la letra y nos cambia la manera de ver las cosas.

Sin detenerse a pensar, tal como sucede cuando uno está inspirado, nos asegura que es capaz de seguirla “de aquí hasta las estrellas y si tus labios son de miel, mucho más dulce es mi amor” y, si hiciera falta algo más, nos dice que todo lo que desea es que, “de ahora en adelante, seguiré soñando contigo y con ese amor que brilla como el Sol”, imaginándonos que ella está aquí, cerca y bien apretadita.

Pero qué mejor cuando lo escuchamos hablar de las maravillas del mundo al ver el verde de los árboles o el cielo azul o cuando ve cómo florecen las rosas rojas (para ti y para mí) y, entonces, exclama: What a wonderful  world! Sí, ¡qué maravilloso es el mundo! Y nos dice que disfruta de la vida porque el cielo está azul, las nubes blancas, el bendito brillo del día y la sagrada oscuridad de la noche y por todo esto, nos vuelve a preguntar “¿no es maravillosa la vida?”

Louis Armstrong nos lleva a ese mundo que existe cuando hacemos un esfuerzo y tratamos de ver las cosas de otra manera, en lugar de ver sólo la parte negra de la Luna. Hace una lista de cosas simples y cotidianas y las declama para que nos vuelva la sangre al cuerpo, porque sabe que hay cosas —dice—, como el llanto de los niños, de los que después vamos a ver crecer sabiendo que van a aprender mucho más de lo que nosotros sabemos y, por eso… —después de una pequeña pausa—, sabe que el mundo es maravilloso y nosotros pensamos que tiene razón siempre y cuando podemos ver las cosas de esa manera.

 Todo lo que canta Satchmo son puros buenos deseos y si en una de sus canciones aparece la noche nos dice que es para que suspiremos por ella o, todavía mejor, para que nos permita soñar con ella y si de casualidad nos despertamos, sólo queremos volver a dormir para seguir soñando ese sueño o, mejor todavía, por qué no son los dos los que sueñen lo mismo para que puedan suspirar tratando de hacer realidad sus deseos.

¡Ah, qué maravilloso es el mundo!