miércoles, 7 de marzo de 2012

El rayo que penetra por todas partes

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 8 de marzo, 2012.

Un pañuelo como si tuviera alas de Hugo X. Velásquez.
¿Cómo es que una idea plasmada en un objeto de cerámica, como puede ser un pañuelo de porcelana con alas, nos provoca una serie de asociaciones que tienen que ver con el liderazgo, como si el arte pudiera inspirarnos? Esto es lo que hemos experimentado ahora con algunas piezas que hizo en vida Hugo X. Velásquez (1933-2011) expuestas en el Taller de la Casa Luis Barragán. ¿Cómo es posible que esas piezas de arte nos lleven a considerar la importancia de la belleza en nuestra vida profesional, sobre todo, si las relacionamos con ese equilibrio de las fuerzas que debe haber entre las partes, como sucede en este caso con la cerámica? Tal vez por eso debemos abrevar en esa fuente que es el arte y en este caso del arte de la cerámica de alta temperatura que es producto de la mezcla de cuatro elementos y que son los mismos de lo que estamos hechos: tierra, agua, aire y fuego, con los que podemos establecer una correspondencia directa y múltiple.

En los años sesentas nace el arte conceptual y los artistas de esa corriente deciden que la forma física no es lo esencial para la presentación de sus conceptos que, a su vez, son el punto de partida para hacer sus obras de arte: ergo, los artistas conceptuales se saltan los objetos y presentan sus ideas utilizando el lenguaje escrito como este que tenía Hugo en su taller: dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras, como lo escribió Juan Rulfo al final de Pedro Páramo y que Hugo aprovechó para hacer un montón de piedras de cerámica inspirándose en la literatura para hacer una obra de arte.

Hugo nunca abandonó la mezcla de los cuatro elementos, mucho menos su presencia en el espacio, una vez que han sido transformados —mágicamente—, en un horno de alta temperatura, para ver cómo sale cada uno con su propia transparencia, fragilidad y belleza. Y nosotros, como espectadores de este arte, nos dan ganas de interiorizar su belleza y preguntarnos si el liderazgo que ejercemos considera estos mismos parámetros, incluido su concepto porque, según el humanista y filósofo florentino Marsilio Ficino (1433-1499) la belleza es un acto, o más bien un rayo que penetra por todas partes: primero en la mente angélica; después en el alma del universo y en las otras almas; en tercer lugar, en la naturaleza y, en cuarto, en la materia de los cuerpos. Y este rayo adorna la mente con el orden de las ideas; llena el alma con el orden de las razones y fortifica la naturaleza como semillas vistiendo la materia de formas.

Y esa es la conexión que podemos hacer con las piezas de Hugo, que es la misma que puede haber entre el arte y el liderazgo que tanto me interesa ahora porque veo que las acciones de un hombre, cuando hace bien las cosas, son como un rayo que logra penetrar por todas partes y nos llena el alma.

Nos hemos acercado a ver estas pequeñas obras de cerámica de Hugo y volvemos a quedar cautivados deseando tocarlas, darles la vuelta y contemplarlas una y otra vez para recordar que la belleza no tiene que ver con la escala de las cosas, sino con la sencillez, el equilibrio y la simetría que, finalmente, produce una sensación de paz y equilibrio, como si las fuerzas de la naturaleza se hubiesen puesto de acuerdo y cada una aceptara a las otras tres.

La cerámica es, en parte, producto del azar, pues no hay manera de predecir cómo el fuego y el humo de la horneada van a actuar en cada una de las piezas como los productos que se planean hacer de acuerdo a un plan que casi siempre sufre cambios a pesar de estar armado con la mejor de las intenciones. Muchas veces, el resultado es producto de las circunstancias que están fuera de nuestro alcance.

Si aceptamos el azar como parte de la vida y consideramos la belleza en el arte también como otra parte, entonces, tal vez, produciremos ese rayo que penetra por todas partes.