La vida a través de los cuentos de hadas

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 10 de marzo del 2012.
Gustavo Doré. Caperucita Roja asombrada de estar junto al Lobo feroz.
El cuento de hadas transmite al niño una comprensión intuitiva e inconsciente de su naturaleza y de lo que puede ser su futuro si llega a desarrollar sus potenciales positivos, dice Bruno Bettelheim en este libro tan claridoso como es el Psicoanálisis de los cuentos de hadas (Paidós, 2010) y al leer esto me quedo perplejo y, más adelante vuelvo a considerar los beneficios que puede haber cuando les contamos a nuestros hijos o nietos los cuentos, por ejemplo, de los hermanos Grimm.

Son tantos los beneficios que reciben cuando escuchan estos cuentos, sobre todo, si se los repetimos una y otra vez para que les vaya cayendo el veinte y vayan encontrando, poco a poco, el sentido a la vida y vayan estimulando su imaginación que le va a ayudar al desarrollo de su intelecto, a clarificar su emociones, a ponerse de acuerdo con sus ansiedades y con sus aspiraciones, a reconocer sus dificultades y, al mismo tiempo, a imaginar posibles soluciones a los problemas que tanto los inquietan, pues todos los cuentos de hadas tienen un final feliz.

Como en el Sueño de una noche de verano que es un sueño y una obra de teatro que parece un cuento de hadas, sobre la que acabo de publicar una nueva versión y ofrecí un taller a un grupo de lectores fuera de serie, estuvimos de acuerdo que tiene un final tan feliz que es una alternativa para entender que en esta vida hay esperanzas y puede haber una salida y en este caso es tan, pero tan feliz, que parece campana.

Con los cuentos de hadas los niños podrán entender y aprender más sobre sus problemas internos y sus soluciones que con cualquier otra cosa. Cuando el niño lo escucha, sin que se lo interpretemos, él mismo lo va digiriendo una y otra vez, para lograr, mágicamente, comprender que es parte de un mundo complejo y que puede haber una luz al final del túnel.

Los cuentos de hadas que le contaron a Schiller le sirvieron más que lo que la realidad de la vida le enseñó, pues estas le hablaban de sus problemas y, lo que es increíble, de las soluciones sin culpa alguna: la madrastra o la bruja es la mala, no su madre; el padre es el terrible dragón y el niño es siempre el tonto, el débil de la familia pero que se atreve a ir al fondo de las cosas y aceptar los consejos del horrible sapo —nuestro inconsciente—, y con estos elementos es como va elaborando y visualizando cómo puede triunfar en la vida, derrotar al dragón y llevarse a la princesa.

Hay que contarles a los niños los cuentos de los hermanos Grimm sin interpretarlas para que ellos tengan nuevas dimensiones —como dice Bettelheim— a las que sería imposible llegar por sí solo. pues la forma y la estructura de estos cuentos sugieren al niño imágenes que le servirán para estructurar sus propios ensueños y canalizar mejor su vida.