En defensa del libertino don Giovanni

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 15 de marzo, 2012.

Don Giovanni, El Comendador, doña  Elvira y doña Ana
Saramago ha escrito una comedia con la que no podemos resistir reírnos todo el tiempo mientras vemos cómo le dio la vuelta a ese dramma giocoso de Don Giovanni o el disoluto punito de Mozart (1787) en donde el libertino es castigado por andar brincando de uno a otro petate, tal como lo escribió el fraile Gabriel Téllez, más conocido como Tirso de Molina en El burlador de Sevilla (1617), basado en la vida de un noble sevillano que seducía a todas aquellas que llevaran puesta una falda y caminara contoneándose.

Don Giovanni o el disoluto absuelto de Saramago es otra versión de ese drama en verdad giocoso tal como la han puesto en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario en donde, el único prerrequisito podría ser haber conocido la trama de la ópera de Mozart para gozar la volta que le da el Premio Nobel en su versión, con tan buen humor que se disfruta cada paso o, mejor dicho, cada tropezón como los que da El Comendador (Humberto Solórzano), el invitado de piedra, el padre de doña Ana muerto por don Giovanni en un duelo, tratando de defender su honor o el de su hija sin haber visto y menos aceptado que, cuando se seduce, siempre se necesitan dos.

Dirigida por el activo Antonio Castro que este año le amaneció lleno de trabajo, con cuatro obras en cartelera, un caso pocas veces se ha visto en el mundo del teatro: por un lado, una obra en la que le pedimos a “diosito santo” que nos libre de caer en manos de una mujer como la que aparece en Misery; luego, El Cerdo, obra filosófica de Raymond Cousse (1942-1991), con la actuación vigorosa de Jesús Ochoa; una tercera con la reposición de El filósofo declara de Juan Villoro que ahora vuele a escena en el Foro Shakespeare y, en cuarto lugar, el Don Giovanni o el disoluto absuelto de Saramago. Ya sabemos que no hay quinto malo, así que está preparando la reposición y nueva versión de Las obras completas de Shakespeare (abreviadas) que podremos disfrutar a partir de julio de este año. Sin duda y, desde este punto de vista, 2012 es el año de Tony Castro.

Saramago decide darle la vuelta a la trama original de Lorenzo Da Ponte y de entrada nos presenta al bien dotado Don Giovanni (Martín Altomaro), asistido por Leporello (el genial Carlos Cobos), su sirviente, quien después de establecer un diálogo con doña Elvira (Lucero Trejo) le canta el aria del Catalogo: Señorita, el catálogo es este… de las bellas mujeres que ha tenido mi patrón … lea conmigo —le dice a una de las tantas mujeres que había probado las mieles del amor de don Giovanni— en Italia, seiscientas cuarenta; en Alemania, doscientas treinta y una… ¡Ah!, pero, en España… son ya… mil tres… Hay de todo, campesinas, camareras; hay condesas, baronesas, hay marquesas y princesas...

El Comendador es el invitado de piedra que camina sobre sus coturnos que lo magnifican, ayudado de un báculo y su bastón pues viene del otro mundo para llevarse al disoluto a los infiernos. ¡Pero, verán la sorpresa que se lleva!

Mientras, entra y sale doña Ana y Zerlina (Erika Koré), la primera con su Octavio y la segunda lejos de su Masetto, dos papeles que hace Rodolfo Blanco con un espléndido don Octavio. Pero como ya dijimos, para bailar tango se necesitan dos y por eso, Saramago defiende al vapuleado Giovanni, pues se puede jugar al amor y disfrutar al hacerlo sin necesariamente caer en las garras de esas mujeres que desean ocultar sus deseos vehementes. ¡Pero, ya verán la sorpresa que nos llevamos!

La escenografía, vestuario e iluminación es de Mónica Raya, artista que sabe darle al director lo que la obra pide y necesita: la sala de Don Giovanni con unas plataformas que nos permiten mantener la atención en la trama y en sus personajes. El vestuario de doña Ana no podía ser mejor: cuando vemos a Lucero Trejo en busca de su amante acompañada de don Octavio, no puede ocultar su cachondería ni su hipocresía culpando a los don juanes de esta vida: ¿dónde hemos visto estas escenas? ¡Ah, sí, por ahí o por allá, pero nada mejor que verlo en el escenario porque, sin duda —como decía Vargas Llosa— “este es el mejor simulacro de la vida.”