jueves, 15 de marzo de 2012

La Cenicienta que todos llevamos dentro


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 17 de marzo, 2012.

Cuando nos explica Bruno Bettleheim que “la Cenicienta es el relato sobre las esperanzas y las angustias que se dan en la rivalidad fraterna, y del triunfo de la heroína rebajada por las dos hermanastras que abusan de ella”, me doy cuenta de que cada vez que veo, oigo o leo una historia con estos elementos me vuelve a emocionar como si fuera la primera vez. Más todavía si uno conoce algún caso de la vida real.

Seguramente, es uno de esos cuentos donde nos identificamos con la trama y con un personaje que nos conmueve al ver reprimidos sus deseos de ir al baile y ser reconocida por el príncipe después de haber fregado lo pisos y de haber soportado humillaciones y castigos, arrinconados en el fogón llenos de cenizas (de ahí su nombre), harapienta y sin posibilidad alguna de mostrar lo que ella era.

Disfrutamos de la historia porque sabemos que tiene un final feliz y que gracias al Hada madrina —la buena madre—, se viste de lujo con todo y sus zapatillas con las que después comprueba que era ella la que bailó con el príncipe hasta antes de la medianoche.

Audrey Hepburn en Sabrina (1954) o en Breakfast at Tiffany (1961) o en My Fair Lady (1964), tres historias tres, donde Sabrina, hija de Fairchild el chofer, termina casándose con Linus Larrabee, el primogénito de la familia millonaria; Tiffany escrita por Truman Capote, es una hooker que termina en los brazos de su vecino, un fiel amigo y escritor desde el primer día y, My Fair Lady es la historia de una vendedora de violetas que aguanta ser como la Cenicienta y pasa la prueba para termina como compañera del misógino y excéntrico profesor Higgings.

Todo pasa dentro de nosotros cuando niños y por eso es inolvidable pues en esa época “vemos las cosas de modo subjetivo y al compararnos en estos términos con nuestros hermanos, nos es imposible pensar que un día podríamos igualarlos” —como escribió Bettelheim.

Julia Roberts es la Cenicienta en Pretty Woman (1990), la prostituta de Los Ángeles que baila con Edward Lewis (Richard Gere), el príncipe de los negocios y una especie de Hada madrina que toma a esta mujer, bella como era, para vestirla y llevarla al baile en ese final feliz, como el que todos ansiamos tener un día de estos y que no sea en la tumba.

Ahora, Julia Roberts será la reina mala en la versión de Blancanieves o Mirror, mirror (2012), desde que le pregunta al espejito: “¿quién es la más hermosa del reino?”, y, como no hay espejo que diga mentiras, le contesta: Blancanieves. Ya sabemos que ella —como esas madres que conocen los deseos de sus hijas—, la manda matar.

Una y otra vez disfrutamos de esos cuentos porque “confiamos que la fantasía de grandeza (un día) pueda ser realidad… a pesar de los obstáculos que nos rodean que, a veces, parecen insuperables.”