La comedia de las equivocaciones

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 29 de marzo, 2012.

¿Cuántas veces se desata el rumor o el chisme cuando alguien interpreta mal las cosas? ¿Cuántas veces nos acusan de algo porque nos han confundido o porque creen haber visto a ese que no era o de haber escuchado al otro, algo que creyeron oír? Cuando sucede algo así, pensamos que ojalá se trate de una comedia de equivocaciones y no en una tragedia de errores, pues, como bien sabemos, en el primer caso el final es feliz pero, en  el segundo, como carece de sentido del humor, casi siempre termina en tragedia, en ruptura, en separación y muchas veces pude terminar en muerte.

Bien decía Mario Vargas Llosa que una buena obra de teatro es la mejor manera de vernos y de saber cómo somos y, hablando de buenas obras, nada como la que acaban de pasar en el Lunario que, entre tantas otras opciones, se nos pudo haber escapado, como fue La comedia de las equivocaciones de Shakespeare trasmitida desde el London National Theatre el martes 27 de marzo (al mismo tiempo en más de setecientas salas de cine en veintidós países) con una espléndida versión de la que fue la primera comedia escrita por el Bardo en 1594 inspirada en la farsa de Los Menecmos (Los gemelos) de Tito Marcio Plauto (254-184 a.C.), a la que le agregó dos grados más de complejidad para pasar a una escala mayor en el espacio imaginario en donde su geometría está construida por unos espejos que reflejan imágenes dobles, como si fueran iguales, pero que son diferentes personas, en donde el público es cómplice del dramaturgo porque somos los únicos que conocemos la identidad de cada uno de los personajes que se mueven en escena.

Dos parejas de gemelos se han separado después de un naufragio y, ahora, el padre de los gemelos y uno de ellos (amo y sirviente) buscan a su hermano (amo y sirviente) en Éfeso donde no son bien recibidos. La trama, se pueden imaginar, se complica conforme avanza la obra y los altercados entre los dos pares de gemelos son tantos que, cuando la obra está en su centro de gravedad, la vemos iluminada por las luces de la comedia y de la farsa que se funden para que la acción se instale en ese territorio y vaya y venga entre la farsa y la comedia mientras el publico observa y escucha lo que dicen los gemelos o la esposa de uno de ellos, a propósito del matrimonio.

La farsa es una pieza teatral en donde se desarrolla una situación absurda alrededor de la vida extramarital. De ahí viene eso de que es una farsa de alcoba. Durante La comedia se entra y se sale de la farsa, tal vez para que brille más la comedia, en donde no sabemos si reír o llorar a pesar de su final feliz en donde todo el mundo se reencuentra y vemos cómo se reconcilia el padre con la madre y los gemelos de cada pareja que habían sido separados y que, durante el curso de la comedia, fueron capaces de decir lo que opinaban de su pareja o de su relación, así como, seducir y ser explícitos en sus preferencias sexuales con las cortesanas, mientras nos ponen a trabajar en eso que tiene que ver con la moral y la escala de valores.

La esencia del matrimonio está formada por unos cuantos secretos que todo mundo conoce —como dice Freud en su ensayo sobre el chiste—, en donde «el matrimonio no es sino un arreglo para satisfacer las necesidades sexuales de una pareja», por eso, el resto del secreto mejor lo callamos o lo decimos a medias a través de esos chistes que conocemos hay alrededor del matrimonio.

En La comedia de las equivocaciones el machismo del marido relega a la mujer a la alcoba y con mucha facilidad, se sabe que el hombre prefiere a su cortesana, no sabemos si para vengarse de su mujer o simplemente para divertirse y por eso queda flotando por los aires los valores del matrimonio y los de la vida extramarital que nos invita a reflexionar y discutir sobre ese tema.

En dos horas escuchamos esos chistes que no fallan y que tienen que ver con el marido, la mujer y la amante y nos reírnos ya sea de nervios, como mecanismo de defensa frente a la posibilidad de que nos descubran o como reacción para que no sepan lo que estamos pensando, tal como sucede en la farsa, en donde el aparente esposo hace el ridículo seduciendo a la hermana de la que creía era su esposa. A pesar de su brevedad, Shakespeare la enreda a cuatro voces y dos comparsas y hace una madeja de enredos que llega un momento en que no sabemos cómo es que se va a desatar ese nudo Gordiano, sin descuidar las unidades del tiempo, lugar y la acción.