jueves, 26 de abril de 2012

Bajo el volcán

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 28 de abril, 2012.
El volcán Popocatépetl en acción, 23 de abril, 2012.
Hace días o semanas que varias poblaciones alrededor del Popocatépetl están amenazadas por su furia y sus habitantes están listos para moverse en el momento que el Centro Nacional de Prevención de Desastres lo considere necesario. La actividad sigue y la han marcado como "alerta amarillo fase tres", con exhalaciones de una intensidad baja, acompañadas por plumas de vapor de agua y gas, junto con moderadas cantidades de ceniza, que la barren en las calles de esos pueblos con sus mascarillas para protegerse.

Bajo el volcán es el título de la novela de Malcolm Lowry (1909-1957) ambientada en Cuernavaca, Morelos —desde donde se puede ver el volcán— y donde el protagonista, Geoffrey Firmin, alter ego del autor, es un alcohólico excónsul británico que llega a México para descender a los infiernos el día de muertos de 1938, como creyó que lo hacía un día que despertó y una gasolinera que estaba junto al motel donde vivía echaba llamas y se incendiaba.

Bajo el volcán es también esa fuerza destructiva que hay en el fondo de cada uno de nosotros que, a veces, exhala fuego y cenizas del magma que hierve y si llega a la superficie, acaba con todo lo que está a su alrededor. Por eso tenemos que mantenernos alertas y vaya usted a saber de qué color.

Es el mismo infierno, como aquel segundo círculo al que desciende Dante donde está «el horrible Minos, que rechinando los dientes, examina las culpas a la entrada, juzga y señala lugar según las vueltas que se da con la cola» y entre esas oscuridades se topa con las almas atormentadas de Francesca de Rimini y Paolo Malatesta para que ella le asegure, antes de contarle lo que les pasó, que «no hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz, estando uno en la miseria» y luego, narra lo que pasó aquel día cuando los dos leían de los amores de Lanzarote con Ginebra, la esposa del rey Arturo, y lo hacían en ausencia de su marido y «cuando leímos que la deseada sonrisa fue interrumpida por el beso del amante, éste, que ya nunca se apartará de mí, me besó temblando en la boca. Aquel día ya no seguimos leyendo.»

De vuelta a este otro infierno, escuchamos que «ya sólo falta que haga erupción el volcán para completar las calamidades» y nos volteamos a ver como si realmente estuviéramos rodeados de calamidades y se hubiera acabado la esperanza de un futuro mejor.

El fuego del volcán es como ese otro fuego en el bosque de la Primavera, muestra fehaciente de la ineptitud de un Gobierno que estaba pensando en otra cosa sin haber podido detenerlo a tiempo, a la vez que nos da tanto gusto comprobar cómo es que todavía hay una sociedad que sabe colaborar espontáneamente frente a una tragedia devastadora como la que están viviendo en estos días.