El repertorio musical del tordo

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 14 de abril, 2012.

El tordo maculado o Hylochicla mustelina
“La música puede transformar nuestra vida como cuando estamos enamorados”, dice Anthony Storr en Music and the Mind y ahora que estamos en plena primavera nos damos cuenta que la música, como el canto de los pájaros, nos acompañan ahora que han regresado para encontrar pareja, reproducirse, hacer su nidos y cuidar de sus crías.

Darwin sabía que el canto de las aves era para atraer a la pareja y ahora se sabe que “su canto es la actividad que realizan los machos, según la testosterona que traigan a cuestas. Aunque a veces, arman dúos con sus parejas.” Tal vez por esto los escuchamos temprano —como si no tuviesen otra cosa qué hacer— y, al atardecer, los esperamos para que nos canten cómo les fue.

“Algunos pájaros, como el tordo maculado (Hylochicla mustelina) tienen un repertorio de hasta nueve canciones que van cantando en un orden tal, que cada vez resulta ser una secuencia novedosa” como la que propongo que deberían tener esos otros “pájaros-cándidos” que andan agitados durante esta primavera.

Sus canciones —sugiere Charles Hartshorne, experto ornitólogo y filósofo—, se parecen poco a la música que componemos y los dos tipos de composiciones tienen sus patrones musicales y un tipo de arreglo que tratan de ilustrar lo que está entre lo estético de la irregularidad caótica y la monotonía de la regularidad.

Hay muchas diferencias entre los dos tipos de composiciones que tienen que ver con el espacio o el tiempo que hay entre una canción de un pájaro, que no dura más de tres a quince segundos, y las compuestas por el hombre, que no dependen de estos límites temporales.

Otros, aseguran que el canto de los pájaros se ha escapado de su objetivo y práctica sexual para ser, en realidad, una actividad más relacionada con el aviario joie de vivre.

“Cantando repelen a los machos rivales cuando están cerca o les sirve para atraer a su pareja —dice Storr—, por eso, tienen que ser persistentes hasta lograr su objetivo y para eso tienen que expresar una buena cantidad de emociones que logren trasmitir sus deseos y convencer a su pareja y que nada tienen que ver cuando se ponen simplemente a gorjear o chillar. En este sentido —dice este autor—, sus canciones pretenden más o menos lo mismo que nuestra música” —y por eso luego, luego me pongo a cantar aquello que empieza… a la orillita del río, a la sombra de un pirú, su querer fue sólo mío … una mañanita azul…

Y como el macho le hacemos algunos retruécanos hasta que se logra su merecido y podemos imaginamos que esa noche estará acompañado en su ramita, listo para hacerse cargo de las crías y de todo aquello que implica esta nueva etapa de su vida esperando que un día vuelen —y canten— por su propia cuenta.