Bailen, bailen o estarán perdidos

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 3 de mayo, 2012.
Sueños, una de las coreografías de Pina Bausch.
¡Bailen, bailen, de otra manera estamos perdidos!, les decía Pina Bausch (1940-2009) a los bailarines de su compañía entregados de cuerpo y alma a su oficio para ser dirigidos por esta artista que marcó una diferencia notable en sus propuestas coreográficas. El cuerpo en movimiento tendría que expresar todo lo que trae dentro de sí o todo lo que se le ocurra que pueda ser transmitido al público que, asombrado ve cómo esos hombres y mujeres se convierten en ángeles o en demonios y cómo se comportan entre los elementos —tierra, el agua, el aire o el fuego—, para contarnos una historia una vez que han desarrollado sus habilidades, domesticando y entrenando al cuerpo para dar giros y vueltas sobre ellos mismos o alrededor del escenario con tal que percibamos el drama que expresan y las dualidades de las que estamos rodeados como la vida y la muerte, el amor y la ausencia o la soledad y la compañía en coro cuando hacen más o menos lo mismo en un juego de espejos, por unos cuantos minutos en el escenario, después de haber pasado años, meses y días dedicados a los ejercicios para poder hacerlo y salir a bailar, pues de otra manera estarían perdidos.

La semana pasada se celebró en la ciudad de México el día de la danza y la cartelera estaba completa: por un lado, la bailarina, coreógrafa y maestra genial Pina Bausch está en la cartelera cinematográfica en un homenaje que le hacen sus bailarines detrás del lente de Win Wenders (1945-) con una producción en tercera dimensión; luego, la rejuvenecida Compañía Nacional de Danza, bailando en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM y todo un día de bailarines en la ciudad de México; en TV Film & Arts, la versión cinematográfica de la vida de la Dame Margot Fonteyn (1919-1991), que gira más alrededor del drama matrimonial con Tito Arias de Panamá que de su excelente oficio, en donde recordaba la música de Prokofiev para el ballet de Romeo y Julieta con Nureyev (1938-1993) —el mejor bailarín del siglo XX y, posiblemente, el mejor que jamás haya existido—, en particular la escena de la muerte de Romeo cuando, desconsolado, trata de revivir a Julieta cargándola, desvanecida, sin lograrlo.

A Pina Bausch la recordamos cuando vino a México en los 80’s, parte del Festival del Centro Histórico para poner en Bellas Artes su obra «Claveles» donde esas flores cubrían el escenario y los bailarines se movían sobre ellos, demostrando que eran, con mucho humor, buenas bailarinas. Fascinados con ese buen humor habían roto todo lo que nos habíamos imaginado hasta ese día como ahora lo vuelven a hacer en esto que se llama Café Müller: una obra espeluznante que rompe paradigmas: los bailarines se mueven dentro del café con los ojos cerrados y otros les quitan las sillas para que no tropiecen: “Ella”, se encuentra con “El” de frente y se aman (amor a primera “no” vista); se tocan y se abrazan después de haberse encontrado en el momento menos esperado; se besan felices hasta que sale un señor descalzo y con un traje oscuro (negro como «tanatos») que les coloca los brazos a la pareja: le quita el del cuello y prepara los dos del hombre para que la pueda cargar horizontal y desfallecida antes de caerse para volver a levantarse y volver a abrazase y besarse, una y otra vez, como en la vida misma, cuando la envidia o los celos nos tiran al suelo y tenemos que levantarnos: es la lucha de Eros y Tanatos. (Lo pueden ver en YouTube).

Los bailarines de la Compañía de Danza que vimos, está formada por jóvenes que presentan en Sinergia la disyuntiva entre el ballet clásico y la danza moderna, pero la Muerte del Cisne, ese solo de Descombey, no podemos menos que felicitar a ese bailarín y al espíritu de esta fresca compañía que parece se desarrollan mejor en un ámbito libre de lo moderno, aunque tengan una educación clásica como en ese drama donde se ejemplifica la competencia entre los dos tipos de danza. Pero como bien dice Pina, mejor hay que «bailar y bailar pues, de otra manera, estamos perdidos.»