El lenguaje de los políticos

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 12 de mayo, 2012.

«No existe un límite preciso entre lo real y lo irreal, entre lo verdadero y lo falso —aseguraba Harold Pinter, Premio Nobel de Literatura en 2005—, la verdad en el drama es difícil de capturar y su búsqueda compulsiva se convierte en uno de los objetivos. A veces, uno se tropieza con ella en la oscuridad pero, pronto, se da uno cuenta que en el teatro hay muchas verdades. Estas se retan entre sí, se reflejan a sí mismas, se ignoran, se ciegan. A veces uno cree que tiene la verdad entre las manos y, de repente, desaparece», como pez en el agua.

Esto es algo que acabamos de comprobar en otra obra llamada «El primer debate» que pasaron por algunos canales de TV el pasado domingo, en donde la diferencia que hay entre lo real y lo verdadero, así como entre lo imaginario y lo falso que estuvo a flor de piel.

Se acusaban de mentirosos fuera del guión y del propósito de esa obra y por eso resultó más bien una protocolaria confrontación entre los tres chiflados y un bufón como esos que había en el medioevo cuando eran los únicos que podían decirle a su Majestad lo que les viniera a la cabeza.

«El lenguaje político no se aventura con la verdad ni con el arte pues, para la mayoría de ellos —tal como pudimos comprobar—, no están interesados en la verdad (y mucho menos en el arte), sino más bien para mantener el poder (o ahora para alcanzarlo). Ellos saben que, para mantenerse en el poder, es necesario que la gente ignore la verdad, aunque sea la de su propia vida.» Entonces, lo que escuchamos, no fueron más que «las ilustraciones—como dijo Pinter en su discurso para recibir el Nobel—, de un enorme tapiz tejido con puras mentiras».

Julian Sands vino a la ciudad de México gracias a que Daniel Pastor lo trajo de Los Ángeles para presentar A Celebration of Harold Pinter y, ahí mismo, en el Teatro Helénico nos dio una lección de lo que es «hablar con el alma», es decir, hablar sinceramente sin ocultar lo que uno siente; hablar con el corazón para que las cosas funcionen mejor, evitando el estrés de la hipocresía, pues, cuando uno habla con el alma, nadie tiene que esconder nada a nadie.

Tal vez por eso cerraba algunos de sus versos diciendo que «todo ‘corrige’ el espacio que hay entre la muerte, tú y yo» y que, finalmente, tuvo sentido cuando supimos que eso fue lo que le dijo antes de morir a su esposa, dame Antonia Fraser.

En cambio, el lenguaje que usaron los políticos en ese protocolo comprueba lo que decía Pinter además de darnos cuenta de la decadencia y caída del liderazgo político en México (y tal vez en el mundo).