miércoles, 16 de mayo de 2012

Lo efímero en el arte y la luna llena

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 17 de mayo, 2012.

El efímero Preludio en blanco de Maribel Portela en la Casa del Virrey
«Porque las selvas son fuente de vida, esponjas de los cerros, creadoras de nubes, cobijo y refugio para todos los reinos, equilibrio del clima y de la vida en la tierra... Sólo por eso hay que defenderlas», es lo que propone Eduardo Herrera Fernández y con esa idea estamos celebramos el rescate primero y la restauración después de un monumento histórico con ocho mil metros cuadrados de jardines en Tlalpan, mejor conocida como la Casa del Virrey de Mendoza en la calle de Juárez número 15 esquina con Galeana en el centro de Tlalpan. Esto empezó hace años cuando un grupo de habitantes de Tlalpan (el grupo Tequio) logró detener que convirtieran esa “fuente de vida” en un desarrollo habitacional y, con el apoyo de Carlos Payán y el gobierno de la ciudad de México, lograron recuperar la propiedad para reconstruirla y hacer de ella un espacio público y lúdico para el disfrute de las artes.

La Casa del Virrey de Mendoza recién restaurada se inauguró el día de la Santa Cruz con una exposición colectiva de pintura y escultura llamada «Obra en construcción», una muestra colectiva de algunos de los artistas que viven en Tlalpan y con eso compartir y apoyar el éxito de esta proeza.

Carlos Payán fue clave para que se llevara a cabo todo esto, pues además de ser poeta —no importa que hace años haya perdido su manuscrito con sus obras completas (con todo y sus fábulas)—, y que fue el fundador del UnomásUno y La Jornada, es un político íntegro y comprometido con sus ideas, un intelectual con el don de la amistad y el poder de convocatoria que ayudó para que se lograra conservar el acervo cultural para beneficio de la sociedad y aquello que estaba en ruinas lo han convertido, como le rey Midas, en un centro cultural que ahora podrá dedicarse a rehacer y cuidar el jardín y las plantas endémicas (por antiguas) como las que hay en su haber. Lo conocemos desde hace años y sabemos «que es un hombre que se ha instalado cómodamente en la nostalgia», como dice la escritora Laura Restrepo.

La Casa del Virrey de Mendoza es parte del Catálogo de Monumentos en 1956 y fue incorporado como Histórico del Centro de Tlalpan en 1986, pero con todo esto de pronto peligraba su existencia. Ahora, la casa remozada, tiene un patio central y varias habitaciones donde han colocado las obras de los artistas como la de los hermanos Castro Leñero: Alberto, Francisco y José, tres hermanos, tres pintores y tres estilos diferentes, cada uno con su sello y grandeza. Cuando le preguntamos a Alberto por qué todos en esa familia pintaban, nos contestó con su voz pausada: «porque la abuelita nos ponía a pintar desde que éramos chiquillos» y uno se queda pensando, cuántas abuelitas ponen a pintar a sus nietos sin que estos se conviertan en artistas.

Ilse Gradwohl expone sus abstractos (en construcción) y resulta ser una obra tan fina que se escurre por la pared. La obra de Maho Maeda nos dejó con la boca abierta, pues es el resultado de una vieja tradición por el deseo y el placer de observar y observar la naturaleza hasta que un día pueden plasmarla aunque sea efímera como lo somos todos. ¡Ah!, pero cada año, como Helena de Troya, regresa la primavera.

Impactantes las esculturas con unas flores extrañas de cerámica puestas en el jardín, plantas de otro planeta hechas por Maribel Portela quien también armó un objeto de arte, una escultura o un performance (ver foto) al que le llamó Preludio en blanco y que parecía un enrome pájaro o una falda también enorme que temblaba con pasión antes de que se hicieran jirones las tiras de papel blanco de china que, por momentos, empezó a levantarse por el viento, trepándose por el aire de ésa que podría haber sido la falda del fantasma de la Virreina cuando vivía en Tlalpan. Arte efímero que se destruyó —poco a poco— desde el momento que le cayó la primera gota de lluvia a las siete treinta de la tarde, al mismo tiempo que el viento había despejado las nubes para dejar salir a la Luna llena, brillante y sonriente, después de haberse escondido para hacer sus travesuras. Cinco meses de trabajo que terminaron en el suelo en sólo cinco minutos. El arte de lo efímero.

También hay obras de Irma Palacios, Ernesto Álvarez, Luis Argudín, Erick Bachtold, Rubén Maya, Kiyoto Ota, Yolanda Mora, Sergio Ricaño y Teresa Zimbrón que participan en esta obra con las ventas para darle ese aliento que necesita la Casa del Virrey de Mendoza para rehabilitar su jardín. El sábado 26 al medio día habrá una gran venta y tal vez una subasta que bien valdría la pena participar y, si vienen a la casa del Virrey de Mendoza ese día, después podrán comer en Dolce Amore, un encantador restaurant que ya hemos adoptado y que está a una cuadra de la Casa del Virrey por la calle de Morelos, ahora esquina con Congreso.

Un rescate hecho por un grupo de mujeres que buscan recuperar y mantener el acervo cultural de Tlalpan y que lo han logrado dedicándole tiempo y energía en una labor loable y ejemplar pues, a fin de cuentas, rescatar un monumento y hacer de esas ruinas un espacio cultural público es digno de mención y de celebrarse.