miércoles, 2 de mayo de 2012

Marilyn Monroe y yo



La revista Vanity Fair publica este mes los desnudos perdidos de Marilyn Monroe con el material del fotógrafo Lawrence Schiller clasificado como Marilyn & Me. Tal vez por ese título y el tema no he podido dejar de pensar en otra cosa que en los poemas que una vez publiqué a una joven promesa allá en el mes de enero de 1983. Era el primer libro de poemas de Fernando Sampietro (1951-1983) “dedicado a todos (todas) los clochards del mundo, y también a los (las) que creen que saben más que yo”, unos poemas que aparecieron con el título Marilyn Monroe y yo, tal como las fotografías recientes de Schiller. 

En el primer poema nos cuenta lo siguiente:

¡En el futuro no existirá la propiedad privada!
Veo a Marilyn Monroe,
está a la venta, está en un poster,
lo compro sin pensarlo más de dos veces.

Una noche soñé que ella y yo estábamos
sentados sobre la arena de una playa tranquila
junto al mar tranquilo, iluminados por luz artificial,
con traje de baño azul brillante ella sonrió.

Cuando despierto no está Marilyn en la cama,
ni en la casa, miro por la ventana,
afuera está Marilyn Monroe, salgo corriendo a verla.


¡Qué divertido cuando tiramos los trajes de baño
al suelo y nos metemos a nadar desnudos!
Abrazar y besar a Marilyn desnuda en el
agua es algo inimaginable.


Mientras nos secamos con el calor del sol
acostados sobre la arena le digo dos poemas:
«Sensation» de Arthur Rimbaud
y «Like a Rolling Stone» de Bob Dylan,
ella sonrió otra vez.

Fue el penúltimo libro de poesía que publiqué antes de tener que cerrar la editorial en plena debacle económica de López Portillo que me llevó a la quiebra en 1985.

El joven poeta, un día del mismo año que salió su obra, se internó en el Desierto de los Leones para pegarse un tiro en la cabeza. Sus aventuras con Marilyn Monroe quedaron en este libro y ahora, lo imagino como Dante con su  Beatriz, recorriendo los cielos hasta quedar deslumbrado.

Por eso este otro poema que tanto se antoja para que se le cumpla en la otra vida:

Preguntarse qué pasaría si
un día nos quedáramos
Marilyn Monroe y yo
solos en el mundo,
es lo mismo que
preguntarse qué pasaría si un día nos quedáramos
Marilyn Monroe y yo
solos en el mundo.

Sea este un modesto homenaje a esa mujer, paradigma de la sexualidad durante la primera mitad del siglo XX, como también a ese joven poeta que fue el más feliz de su vida cuando presentamos el libro en Coyoacán y que pudo preguntarse, como lo acabamos de leer: ¿Qué pasaría si me quedara solo con Marilyn Monroe un día de estos? ¿Qué pasaría?