¿No sólo de pan vive el hombre?

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 26 de mayo, 2012.

Bruce Myers, actor inglés como el gran inquisidor.
Cuando Él (Samy Sammir) aparece en el espacio vacío y luego sale el cardenal gran inquisidor (Bruce Myers, ver foto) vistiendo su hábito negro, viejo, alto, erguido, con una palidez ascética y los ojos hundidos, empieza un monólogo frente a quien es su prisionero que ha vuelto según las Nuevas Escrituras. El gran inquisidor es el capítulo V de Los hermanos Karamazov de Dostoievski (1821-1881), cuando Iván le lee en voz alta a Alioxa la historia que describe ese encuentro en Sevilla. 

El monólogo lo hace Bruce Myers, un gran actor, dirigido por Peter Brook, tal como lo vimos esta semana en el teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM de la ciudad de México, como parte de la Cátedra Ingmar Bergman.

Esto son fragmentos de lo que escuchamos en la voz de Myers, mientras Sammir lo ve a los ojos desde su banco y aplica ese lenguaje no verbal con maestría: «cuando Cristo decidió regresar lo hizo en Sevilla entre las cenizas de las hogueras en donde el cardenal gran inquisidor había quemado a cien herejes. Él avanza entre la multitud, callado, sin llamar la atención, pero el pueblo lo reconoce. No tardan los milagros: un ciego ve y después de contemplar el ataúd con una niña de siete años, compasivo pronuncia el talipa kumi, (levántate muchacha) y la muerta se incorpora, abre los ojos y sonríe sin soltar su ramo de rosas blancas que su madre le había puesto entre sus manos. Los demás lloraban y gritaban de alegría. De pronto, el gran inquisidor lo señala con el dedo flamígero y ordena a sus esbirros que lo hagan prisionero.

 »No quiero saber si eres Él o su apariencia; sea quien seas, mañana serás condenado a la hoguera como el peor de los herejes. El pueblo que te besaba los pies, se apresurará para echarle más leña al fuego.»
Luego, escuchamos por qué el inquisidor lo ha condenado: «han pasado quince siglos, ¿esto es lo que pensabas iba a suceder? Si hubieras convertido las piedras en panes, hubieras visto a la humanidad correr hacia ti, pero tú contestaste que ‘no sólo de pan vive el hombre’ y, ahora, sólo hay hambrientos sumidos en la perplejidad horrible caminando entre tinieblas. No caíste en la tentación, pero, ¿pensaste que te entenderían? Te pidieron que bajaras de la cruz para que creyeran en ti y no lo hiciste. No quisiste someter a los hombres por tus milagros. En cambio, nosotros les permitimos pecar y con nuestro permiso, todo pecado será perdonado.

»Al final el inquisidor calla. El silencio le turba. El preso se levanta de su banco y se acerca. Le da un beso en sus labios exangües. El cardenal se estremece, se dirige a la puerta, la abre y le dice: ‘¡Vete y no vuelvas nunca… nunca!’ Y así lo deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja.»