miércoles, 6 de junio de 2012

La nostalgia por la tierra natal

INFOSEL Crónica cultural del jueves 7 de junio, 2012.
Coro de la ópera del Teatro de Roma cantando Va, pensiero... de Nabucco.

De pronto uno puede extrañar la tierra natal de tal manera que nos podemos convertir en unos nostálgicos empedernidos, sobre todo, si la abandonamos por la fuerza, como nuestros amigos españoles que dejaron su tierra para venir a México entre 1939 y 1942 durante la Guerra Civil huyendo de Franco. Pero también puede uno considerar a los mexicanos que abandonan su tierra y se van al otro lado en busca de trabajo y vaya usted a saber por las que pasan, que nos hace pensar que de repente se juntan a cantar y suspirar un poco esto que dice: «México lindo y querido, si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí.»

Giuseppe Verdi (1813-1901) tuvo la capacidad de expresar los sentimientos de aquellos deportados o exilados, basado en una historia del Antiguo Testamento —el Salmo, capítulo 137—, en donde cuentan que «a orillas de los ríos Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión (la fortaleza de Jerusalén); habíamos colgado nuestras cítaras en los álamos que estaban a la orilla del río. Allí, los que nos deportaron pidieron que les cantáramos algo con alegría: ‘¡Canten para nosotros uno de esos cantos de Sión!’ ¿Cómo podríamos cantar un canto de Jehová en una tierra extraña? ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se me seque la mano y que mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo más!»

En 1842 Verdi estrenó Nabucco la ópera alrededor de esta historia y el libreto de Temistocle Solera (1815-1878). Es la «ópera judía de Verdi» en donde canta el coro (como los judíos deportados) sus sentimientos tras la pérdida del primer Templo de Jerusalén. El himno que cantan a la orilla del río Babilonia se convirtió desde el día de su estreno en algo que le dio mucha fama a Verdi y que todavía sirve para que los italianos —o quien se ponga el saco— expresen sus deseos de libertad, unidad y soberanía.

Empieza con Va, pensiero, sull’ali dorate… ¡Ve, pensamiento, con alas doradas…!, y con esto Verdi llega a lo más profundo de nuestros sentimientos, como los que tenemos aquellos que, de alguna manera, han abandonado su tierra natal y la extrañan con nostalgia, pues consideramos el dolor que implica dejar atrás la infancia o la inocencia o el paraíso y, por eso, andamos en busca del tiempo perdido tal como lo hizo Proust toda su vida. No importa qué nacionalidad tengamos, el himno nos llega hasta el fondo del alma cuando dice, flotando por los aires de la nostalgia Oh mia patria sì bella e perduta! — ¡Oh patria mía, tan bella y perdida!

A partir de este domingo estará Nabucco, la ópera judía de Verdi, en el Palacio de Bellas Artes, con el Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes, donde podremos esperar tranquilamente que llegue el 3er acto para que, con la piel de gallina, escuchemos los primeros acordes, apacibles, de este himno a la nostalgia.

El 12 de marzo del 2011, Silvio Berlusconi se enfrentó a la realidad: Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y para esa ocasión se representó Nabucco en el Teatro de Roma dirigida por Ricardo Muti. Todo mundo sabe que en Italia, este canto es un símbolo de la libertad: cuando Verdi escribió su ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo y, por eso, se convirtió en el himno natural y extraoficial de la libertad. Esa noche, el alcalde de Roma pronunció un discurso denunciando recortes a la cultura y esa intervención, en presencia de Berlusconi, produjo un efecto inesperado: Muti aceptó hacer un bis después del himno e invitó al público que la cantara como lo pueden ver en http://www.youtube.com/embed/G_gmtO6JnRs, pues imaginó que así como están las cosas, si Italia se quedara sin cultura, podría convertirse en bella e perduta!