Llueva o no llueva, es tiempo de aguas

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 16 de junio, 2012.

La formación de la tormenta tropical Carlotta vista desde el satélite.
Eso decía mi padre que era ranchero y sabía de su necesidad para que cayera a tiempo y no, como parece que este año se ha retrasado y estamos comiendo ansias y sufriendo por el calor, soñando con refrescarnos como lo hacíamos cuando éramos niños y vivíamos en el «gueto de Tepa», en esa manzana que está a una cuadra de Tolsa, al lado de la iglesia de Los Ángeles, entre López Cotilla y Madero, donde vivíamos los Casillas, los Navarro, los Barba (o debería decir “las Barba”, porque eran unas belleza recién llegadas del centro comercial de Tepatitlán), los parientes de mi abuela María Cruz y el chocolate Gómez Ibarra con toda su familia. Bueno, pues cuando se soltaba la tormenta y bajaba el agua por López Cotilla, hasta la Calzada, nos poníamos el traje de baño y gozábamos con el borboteo y la emoción, felices de la vida.

«El 13 de junio, llueva o no llueva, es tiempo de aguas» y creo que se refería a esa fecha porque es el día de San Antonio de Padua y todos, con el deseo del agua en la boca —más los agricultores y ganaderos que tanto sufren este año—, soñábamos en refrescarnos y aguantar los chaparrones como los que caen allá, en la tierra de la Virgen de Zapopan.


«Amar a tiempo y desatarse a tiempo», proponía el poeta Leduc y que parafraseamos para el clima que tanto se antoja que llegue a tiempo y se desate a tiempo para que el Lago de Chapala se defienda y vuelva a subir de nivel, y que los ánimos en este temporal se mejoren un poco.

Vemos los mapas satelitales para seguirle la pista a Carlotta la tercera de las tormentas tropicales de las siete que se pronostican por el lado del Pacífico (ver foto), más los cuatro huracanes moderados y los dos intensos, como la formación que ahora vemos por el Pacífico que parece está tomando fuerza. Uno cierra los ojos y nos salimos a la calle a danzar un rato para crear así ese polo de atracción para que el agua moje un poco nuestra parcela.

Las estimaciones a largo plazo son fantasías o están basadas en estadísticas, pero, como bien sabemos, el pronóstico pertenece a la teoría del caos que inventó, por accidente, Edward Lorenz en el invierno en 1960 mientras su computadora —una Royal McBee—, calculaba cuál sería un hipotético clima dadas ciertas condiciones iniciales, interrumpió ese cálculo para salir a fumar su cigarro y tomar un café. Cuando regresó, se equivocó por unas cuantas diezmilésimas en las condiciones iniciales y de pronto vio que su computadora había calculado un huracán. Había nacido esa ciencia y la geometría fractal, acompañada del «efecto mariposa», que ahora nos permite predecir todo aquello que antes era imposible hacerlo de otra manera, excepto que usáramos la intuición o el deseo de satisfacer nuestros deseos ya cada año declaráramos el inicio del tiempo de aguas.