La historia a través de las artes gráficas

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 12 de julio, 2012.

La exposición está dividida en dos: obras que son parte del expresionismo alemán y otras que muestran el simbolismo de Edvard Munch (1863-1944), ambas hechas a principio del siglo XX. En realidad lo que fuimos descubriendo, gracias a la curaduría del Museo de Arte Moderno de Nueva York, fue la historia de la primera parte del siglo pasado desde un poco antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y justo después de ella, en donde pudimos ver el rostro de la sociedad germana después de su derrota.

La historia de ese amanecer vuelve a estar en manos de los artistas ahí representados con su obra gráfica (pocas veces expuesta en México) que va del retrato o el autorretrato, pasando por una obra como es el beso —una expresión nostálgica, como si se lo dieran antes de separarse—, y el ambiente que había en esos años en Alemania y Austria hasta que declaran esa guerra que los llevó al desastre.

Como buenos artistas, anuncian el porvenir expresando sus sentimientos y emociones, una corriente de la que seguramente se alimentó José Clemente Orozco (1883-1949) a quien no pudimos olvidar durante el recorrido que hicimos de la exposición en donde encontrábamos tantos paralelismos que no cabía la menor duda de que había conocido bien ese movimiento.

La creatividad que se anticipa a los hechos es del dominio de los artistas, como nos asegura Nancy J. Adler en Arts & Leadership (1996) y justo es lo confirmamos mientras veíamos la obra gráfica de estos artistas que lograron imaginarlo —la decadencia, corrupción y guerra— tal como lo expresaron sacando del fondo de su alma esos sentimientos para que estuvieran a flor del grabado dejando que las emociones fluyeran para plasmarlas de manera poderosa y brutal como un reflejo de lo que creían era la realidad objetiva.

Nolde y Kirchner comprometidos con la situación social y política de su tiempo formaron el grupo conocido como “El Puente”; otro más, llamado “El Jinete Azul” formado en 1911 con Franc Marc, el ruso Kandinsky, al suizo Klee y otros. Por supuesto que el noruego Munch destaca entre todos estos artistas y lo vemos en esta exposición en donde vamos leyendo los sucesos de esa época: una sociedad que, al cambio de siglo, quiere dejar de ser lo que era y formar parte de la revolución industrial y para eso, necesitan liberar el deseo sexual y la pasión, como lo estaba estudiando Sigmund Freud (1856-1992) en esos momentos.

La obsesión y la impotencia frente a la muerte, como lo vemos en ese grabado de Munch y su Maddona, una mujer echada para atrás, con los ojos cerrados en donde queremos imaginarnos que está dormida, pero sabemos que está muerta y eso, nos angustiamos.

La decadencia —con escenas como las que vimos en Cabaret estuvieron presentes aunque esa película se trata antes de la segunda Guerra Mundial— la vemos de diferentes formas hasta que pasamos a la sala en donde encontramos los grabados hechos durante la Guerra vista desde la perspectiva Germana sin dejar de señalar el absurdo de los enfrentamientos y los millones de muertos en las barricadas.
La exposición que está bien puesta en el Palacio de Bellas Artes, sigue hasta después de esa Guerra y vemos entonces los rostros azorados, como si no entendieran nada de lo que pasó. Conmueve el grabado del abrazo o del beso en sus dos versiones: uno realista y el otro, en donde sólo vemos sus sombras fundidos los dos cuerpos en uno, con la cabellera de ella sobre el pecho de él y los dos a punto de separarse, tal vez, para el resto de sus vidas. Ver esos dos grabados, bien vale la pena ir a la exposición. 

Expresionismo alemán y simbolismo de Munch es parte de la colección del MOMA de Nueva York para contarnos la historia del principio del siglo XX, así como los amores, las pasiones, los cuerpos desencarnados por la violencia y la destrucción en una secuencia muy bien curada, que nos lleva desde los finales del XIX, hasta después de la Primera Guerra Mundial, es decir, la historia a través de las artes gráficas.