sábado, 7 de julio de 2012

Marcador final: 4-0

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 7 de julio, 2012.

La Squadra Azzurra tratando de meter un gol.
Unos gritaban y bailaban de alegría celebrando el triunfo. Otros, se recargaban en la pared o el hombro de quien estuviera cerca para llorar en medio de los gritos de triunfo, otros más, buscaban la quietud mientras sentían cómo corrían algunas lagrimas por la derrota. Mientras unos celebraban, otros callaban, tal como sucede en los juegos en donde se compite para ganar alguna cosa.

Vimos a uno que otro furibundo como si la causa de la derrota fuese su mala actuación o el poco esfuerzo individual, a pesar de que era un trabajo en equipo o por haberse entregado de cuerpo y el alma para nada, sin concretar la victoria o por haber quedado en un segundo o tercer lugar que, para unos, eso y nada es lo mismo —como en la política— pero, para otros, es una consolación y luego levantan la cabeza y se ponen a trabajar hacia el futuro y no como aquel ahorcado que sólo alcanzó a decirle a su verdugo: ‘me mataron, pero les saqué la lengua.’

Esto fue lo que vimos el domingo pasado en el partido entre Italia y Espeña —¡perdón, España!—, allá en Kiev, Ucrania en donde habita, según nos dicen los que saben de eso, la rubia Superior —como las recién adoptadas por los belgas—, y que, en un momento, las creímos haber visto entre la furia roja o entre los cabizbajos de la Squadra Azzurra en esa premonición o augurio de lo que veríamos cerca de la media noche en algún rincón de esta República no tan amorosa y más bien ‘verde-blanca-y-colorada.’

Ganadores y perdedores. Unos, brincando de felicidad, otros tirados en la amargura; unos aceptando la derrota, otros, sin dar su brazo a torcer a pesar de los hechos como esos a los que se refiere Katie Melua cuando canta esa canción en donde asegura que ‘hay nueve millones de bicicletas en Beijing y eso es un hecho, es algo que no podemos negar, como es un hecho (like its a fact —dice—), que te amo hasta que me muera.’ Sí, ahí están los números, los hechos contundentes del 4 a 0 del mediodía como un hecho irrebatible y que no podemos negar, como las millones de bicicletas que hay en Beijing. Pero luego canta que también hay eso otro que es más bien una suposición, como eso que ‘estamos a doce millones de años luz de la orilla del Universo; that’s a guess —canta— que nadie puede asegurar sea cierto’.

Esa es la diferencia entre los hechos y las suposiciones, entre los números que hablan y lo que alguien se puede imaginar que pudo haber sucedido, es decir, un ‘supositorio’, como decía una amiga que, por los nervios se equivocaba y decía una ‘costra por otra.’

Pues sí, todo esto lo vimos el domingo pasado, antecediendo una cosa a la otra, no cabe la menor duda, fue un hecho que no podemos negar.