jueves, 23 de agosto de 2012

Fanny Price, una Cenicienta inglesa del XIX


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 23 de agosto, 2012.
Jonny Lee Miller y Frances O’Connor (1967-) en Mansfield Park (1999).
Las notas sobre la lectura tardía relacionadas a Mansfield Park, la novela de Jane Austen (1775-1817) escrita en 1813, valen la pena por que ahora está disponible en DVD la versión cinematográfica dirigida por Patricia Rozema en 1999 con Frances O’Connor como Fanny Price, la joven que se lleva las palmas de esta obra, la Cenicienta inglesa del siglo XIX con todo y hermanastras (o primas hermanas), una especie de madrastra (la tía Norris) y el baile de gala con el príncipe que siempre estuvo en casa (como era su primo Edmundo).

Fanny es una joven que conocemos desde que era una chiquilla (Hannah Taylor-Gordon en ese gracioso papel) cuando la mandan de su miserable casa en Portsmouth a Mansfield Park para que sea mantenida por la familia de su tía Mary, que vive zombi por el alcohol, siendo la esposa de Sir Thomas Bertram (Harold Pinter como tal). En ese viaje se sorprende al escuchar a unos esclavos (negro cargo, como les decían) que estaban en un barco cantando sus penas y dolor. Sutil, pero contundente, acusa a los ingleses del uso y abuso de los esclavos en una de las colonias, como fue la isla de Antigua en el Caribe, por lo que la novela fue castigada por tratar estos temas, de tal manera que a Austen le costó todo lo que había ganado con Emma, la versión fresa de La Celestina de Fernando de Rojas (1470-1541) ahora también en TV Film & Arts con Gwyneth Paltrow como la alcahueta.

Fanny Price (con ese apellido implícito el “precio” que va a pagar por su estancia con los tíos ricos), es una joven talentosa, original y, para nuestra fortuna, socialmente al margen del ocio de Mansfiel Park. Por eso, puede ver las cosas a la distancia y nos puede dar su opinión como una de sus crónicas que escribe y manda a su hermana Susana.

Fanny tiene una buena educación literaria —con la regia biblioteca de su tío—, y por eso desarrolla una crítica aguda como la podemos ver en los comentarios que hace de repente. Además mantiene en alto su autoestima, respeta lo que siente y piensa y puede enfrentar mejor la realidad de las cosas.

Todos necesitamos de un público, decía Mrs. Crawford antes de ensayar el papel que iba a hacer en una obra de teatro (Promesas del amor o algo así) y, de pasada, seducir al Edmundo Bertram (el príncipe) enseñándole lo que sólo una mujer puede enseñarle.

Fanny Price explicaba en sus crónicas lo que sucedía en la mansión de los Bertram: una rápida sucesión de actividades sin importancia alguna. Desde que llegó, su salvación fue Edmundo el menor de los Bertram, a quien quiso desde el primer momento y con quien galopaba —escenas llenas de alegría de vivir— a campo traviesa sobre Mrs. Shakespeare, una yegua blanca como la nieve.

Corre como loca cuantas veces puedas pero no te desmayes, le decía a su hermana Susana y era lo que ella hacía mientras capoteaba a Mr. Crawford (Henry) que la pretendía y trataba de seducirla, aunque ella sabía de quién se trataba. 

Tom, el primogénito, no congeniaba con su padre, entre otras, por el trato que le daba a los esclavos en Antigua, aunque sabían que con eso pagaban Mansfield Park. Era hábil para dibujar y había captado escenas brutales con los esclavos que un día Fanny las descubre. Como primogénito, caía sobre sus espaldas, tanto el amor como las exigencias paternales que lo llevan al borde la muerte.

No tengo talento para la certeza, decía Fanny y nosotros nos identificamos con ella cuando nos preguntan si estamos seguros de algo que hemos hecho sin tener alguna certeza.