Los dramas del Olimpo

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 4 de agosto, 2012.

Ahora en Londres, todo es un drama entre los que ganan y los que pierden, después de las miles de horas dedicadas a soñar con una medalla que, cuando la ganan lloran y si la pierden, también. Por eso, los dioses del Olimpo no están tranquilos en contemplación, sino que fatigan todos los días entre la vanidad, el triunfo y la decepción, entre el engaño y el fair play.

Hemos tenido una semana animada por estos dramas como si Londres fuese el gran teatro del mundo para esa juventud que desde niños ensayan hasta llegar a la prueba y ver si logran triunfar —en unos segundos sobre el escenario—, como tarda la caída libre en el trampolín de diez metros o el instante en que soltamos la flecha del arco y logramos superar la tensión del Olimpo.

Resultado de una larga preparación vemos a unas diosas de dieciséis años con sus medallas y nos quedamos asombrados tratando de entender qué es eso lo que los mueve a tirarse de clavados cuatro o cinco horas diarias desde hace años para competir en el mundo y llegar a Londres deseando ganar una medalla del metal que sea. Estoy seguro que si descubrimos cuál es esa fuerza y energía que los mantiene llenos de vida, tal vez, podríamos aplicarla a otros aspectos de nuestra vida.

Las diosas se empiezan a mover en el gimnasio del Olimpo como peces en el agua antes de tener uso de la razón y se trepan una y otra vez a la viga de equilibrio sin importar que un día se lastiman de los pies o de las manos, sin perder jamás el deseo de volver una vez más y estar horas enteras en la barra doble, saltando para caer en vertical por la fuerza de gravedad y la tensión muscular o cuando pasan al escenario de la gimnasia artística y convencen a los jueces de sus habilidades en esa ocasión y en una experiencia que, como los buenos dramas, volvemos a ver sin dejar de llorar cada vez que alguna de estas diosas aceptan, agotadas y felices, su medalla en el cuello.

Competir con uno mismo y ser mejor cada vez es un buen objetivo que no se logra mágicamente, sino a través del esfuerzo diario, de las horas y horas de ejercicios repetitivos, una y otra vez volver a tomar vuelo, medir la distancia, mantener el equilibrio apretar los glúteos o lo que sea para que el cuerpo logre lo que se propone y se comporte lo más cercano a la perfección.

Aunque la mayoría (con ese famoso 80/20) se regresa a su casa sin medalla, saben que durante esos días intentaron ser dioses del Olimpo y eso bien vale la pena con tal de llegar a ser citius, altius, fortius que de eso se trata.